lunes, 17 de marzo de 2014

El Director General del Generalísimo


Setenta y ocho años de existencia no es una bagatela de edad, pero para los nacidos como yo es un auténtico tostón haber vivido más de tres cuartos de siglo escuchando hablar de la Guerra Civil española a vencedores y vencidos o viceversa. Estos niños de la guerra tenemos más moral que el Alcoyano, fuésemos hijos de ugetistas o de jefes de centurias.

            Y si fue malo tener que saber algo de aquellos tiempos en que los españoles se mataban entre sí a través de fotocopias prohibidas o de libros de textos del personal del yugo y las flechas, es muchísimo peor tener ahora que explicar a los nietos y nietas, frente a la nueva singladura que se nos viene en Andalucía, que Franco, el dictador, murió en la cama sin que nadie osara cargarse el régimen impuesto por él.

            Estoy de mala uva porque la Junta de Susana, oh Susana de mi vida, ha aprobado una nueva “Ley de Memoria Democrática” a instancias de la IU de don Diego, el salvador de los pobres, en la que se dice y afirma, oh Dios, que la democracia actual se inició con la victoria electoral de Felipe González en 1982. Esta aberración va a ir a los libros de textos para que la chiquillería, entre la que se encuentran mis nietas, la tenga que leer y estudiar sí o sí, si desean aprobar y pasar de curso; y han nombrado hasta un Director General.

            Y ahí me tienen ustedes, queridos y queridas lector@s, en el dilema de tener que explicar a ellas, a las mías, que eso es mentira o es verdad; ¡pero que es lo que pasa aquí! Si estamos todos locos, pues bueno, todo tiene un pase.

            Todas las historias que les he contado a ellas, a mis niñas, se han convertido en falsedades a causa de un contubernio entre PSOE e IU para seguir obteniendo votos de los muertos y de las mentiras. Ya está bien, hombre, ya está bien, mujer; por favor, por vuestras santas madres no manipuléis más entre osarios, tanatorios y falsedades. Decid de una puñetera vez que tenéis que echar mano de la mentira para ganar elecciones; ojalá perdáis por goleada por manipular la historia, la memoria y la inocencia.

            Yo no quería escribir hoy ni mañana ni nunca más, querida Lola, porque sabía que iba a vomitar mi desprecio a los que sin desearlo, pero lo van a conseguir, van a resucitar al Generalísimo por la gracia de las armas.

            Desean que no se cierre para siempre la gran herida de España, sino que desean ganar elecciones no aliviando el paro sino resucitando el odio entre españoles. No se merecedores de este pueblo milenario.

            Pero yo, por libre, durante los años que me queden intentaré incrustar en ellas, en mis nietas, el amor, la paz y el perdón. Jamás daré por perdida mi particular batallita de abuelo.




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