viernes, 14 de marzo de 2014

Breve historia de un sevillista



Nací en Melilla, vivo en Málaga y soy sevillista hasta la muerte: una trinidad casi incompatible en la actualidad, pero todo tiene su explicación y voy a intentar darla porque son numerosas las personas que me preguntan sobre su por qué; sé que a un tanto por ciento elevadísimo esto le trae al pairo, igual que el gobierno de Rajoy  se la sacude cuando Artur Mas amenaza con sacar las urnas en noviembre; pues por eso voy a contar esta corta historia futbolística de mi vida, y no voy a perder un instante en narrar que una persona anuncie que se va a cometer un delito y el ministro de Interior haga de don Tancredo.

            En Melilla un servidor no había visto fútbol de 1ª División -hoy creo que tiene el nombre de un banco-, por lo que la chavalería del lugar se hacía hincha de un equipo de prestigio. Muchos chavales, entre ellos yo, éramos del Atletic de Bilbao que encarnaba, decían, a la furia española, la de vueltas que da España cuando hoy la selección nacional, llamada la roja, no es capaz de jugar en el nuevo San Mamés.

            Como mi tiempo lo era de oposiciones, hice las primeras para conseguir entrar en el escalafón del Magisterio y oposité, por tanto, para hacerme Maestro Nacional, más conocido por maestro escuela. Aprobé a la primera y fui destinado a Dos Hermanas (Sevilla), cuando este pueblo tendría cerca de 20.000 habitantes.

            “Er Beti” jugaba en 2ª División -su lugar natural- y el Sevilla F.C en la de honor, las cosas como son; pero dio la casualidad que en el equipo palangana jugaban tres melillenses, a saber: Pepillo, vecino mío del Barrio Obrero de Melilla, Payá, primo hermano de mi mujer la “pastora”, y Ramoní, al que no conocía, y con ellos un ramillete de jugadores como Campanal, Valero, Arza, Diéguez, Ruiz Sosa, Achúcarro, etc.

            Existía, por aquellos tiempos, en los estadios una puerta de “oficio” por la que se entraba sin pagar; tú la aporreabas, salía un portero, dabas tu nombre y si estabas en la lista pasabas de “barakalofi”; Pepillo y Payá ponían mi nombre y apellidos en el listado, entraba gratis y me hice, cómo no, sevillista; “es la economía, estúpido”, dijo alguna vez alguien.

            El miércoles pasé un mal rato, no tanto por perder sino por el cachondeo que algunos se trajeron conmigo, especialmente “el pollo” y un tal Ruda, pero eso es lo de menos porque en los noventa minutos que quedan por jugar, venceremos.

            Diez años en Dos Hermanas pasando hambre me llevaron a convertirme en sevillista, y lo llevo bien.



           

            

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada