martes, 25 de marzo de 2014

Artur "Menos"



        Primero llegó y después hizo la señal de la cruz delante del cadáver de Suárez. Los clic clavaron el instante. Después salió por la puerta de los leones y utilizó al yacente para su particular osadía. Los clic de los reporteros echaban fuego.

            Se las piró muy deprisa, demasiadas prisas. Así no se hacen cosas, honorable Artur Mas venido a menos. Llega usted al templo sagrado de la democracia con la lección aprendida y suelta una blasfemia política después de santiguarse en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

            Sabe lo que le digo, ¿no?, pues se lo voy a decir por si no lo sabe o no ha caído en la cuenta. Mientras un servidor se tiraba al suelo ante los disparos de los golpistas del 23-F, él permaneció impasible en su escaño; pero se ha olvidado usted, honorable venido a menos, que por una algarada de nada usted, excelentísimo Presidente de la Generalitat, fletó un helicóptero pagado por todos los españoles para aterrizar en la azotea del Parlament; como decimos por aquí abajo: “es que me parto”.

            El muy honorable, si lo es de verdad, tenía que haberle echado bemoles al asunto y pasar por entre los indignados. Por eso no creo en la resurrección de los muertos, sino que apuesto por la resurrección de los vivos que ya han caducado; porque verá, usted ya tiene el sello de la caducidad con su “derecho a decidir”.

            Usted, que tiene que demostrar lo de honorable porque eso no se adquiere por ostentar un cargo o por dejar de ostentarlo, se tenía que haber quedado dentro del hemiciclo, velar al “tahúr del Misisipi”, inhalar algo de su espíritu y dar la cara en la tribuna para defender su proyecto independentista y de sus compañeros de viaje, los de Esquerra Republicana que, al menos, no hicieron el paripé de darse un garbeo y media verónica alrededor del que se sacó de la manga la unidad de la Nación española.

            Y ahora llega usted a servirse de él. Haga como su compadre Ibarretxe, dé la cara en el hemiciclo o es que, metafóricamente hablando, tiene un cierto miedo a que se la partan en una votación.

            Esto que le cuento, se lo han dicho de forma más fina los señores Pujo y Roca; usted, señor Mas, que juega con los muertos, sí me parece un auténtico tahúr.





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