domingo, 2 de febrero de 2014

Y una ola sin espuma



Quedaron como mudos los instantes.
Un viento frío reventó en mi nuca.
La columna del tiempo conmovió
la noche del olvido.
La danza del ayer impuso suaves
cadencias de fragancias olvidadas.
Sostuvo su mirada el inconsciente
y una ola sin espuma
inundó para siempre
las oscuras cavernas de la infancia.
El gozo de la vuelta,
delirio de buscar lo inaccesible,
alegró las astillas del presente.

Volví la vista atrás:
estaba allí:
sentada en el pasado.

(De “Tatuaje de leche”, de José García Pérez)

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