viernes, 28 de febrero de 2014

Elegía andaluza


La de los cantes de siempre,
Andalucía: la fiesta.
La de míseros jornales,
Andalucía, la pena.
La que te vendes por nada,
Andalucía, ramera.
La que muere y resucita,
Andalucía, grandeza.

Quiero clavarte un puñal
en el centro de tu esencia,
quiero que derrames sangre
que se acabe tu leyenda,
quiero que muerdas tu risa
que silencien castañuelas,
quiero decirte llorando
que no aguanto tu vergüenza.

¿Dónde tu orgullo de pueblo
dormido con las promesas?
¿Dónde tu estirpe de casta
dormida, sin garra y quieta?
¿Para qué la blanca y verde
si en tu corazón no ondea?
¿Por dónde los andaluces
que presumen de poetas?

Despierta de este letargo
con que cubren tu miseria.
Despierta de la limosna
que para callar te entregan.
Despierta de la injusticia
con que han regado tu siembra.
Bebe el néctar de tu historia,
despierta madre despierta:
que tus hombres se te mueren
buscando firmas sin fecha,
que tus mujeres se tronchan
por los campos de la siega,
que existen niños yunteros
en tu ciudades y aldeas.

Me duele la voz extraña
que de lejos te gobierna,
me duele que mis hermanos
en su destierro te quieran,
me duele tu libertad
muerta por cuatro monedas,
me duele verte de esclava
cando pudieras ser reina.

Perdona si te molesto
cuando canto con soberbia,
perdona la desnudez
con la que muestro mi queja,
perdona toda palabra
que te suene como a ofensa,
perdona, Madre, perdona
y estrecha mi mano abierta
que deseo verte libre
como gritó a las estrellas
la noche de los infiernos
el Padre de nuestra tierra.

(De José García Pérez)

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