sábado, 1 de febrero de 2014

El delfín



         En Atenas, Aegina, Poros, Hidra, Sunio, en toda Grecia la mayoría de mis compañer@s de viaje compraron de todo, y por eso no regresaron con nada del periplo. Otros compraron algo, poca cosa, pero con algo regresaron. Yo no compré nada, pero volví con un delfín.

            El delfín es en Grecia el amuleto que representa la felicidad, el amor y la amistad. Existen delfines para todos los gustos, los hay en forma de pulseras, anillos, pendientes, llaveros, etc.

            Mis amigas -parece que esto no es cosa de hombres- me regalaron un delfín colgante; lo coloqué con mimo alrededor del cuello, y desde entonces lo llevo o me lleva.

            He cambiado la cruz por el delfín. No he cambiado ideales y valores, tan sólo he trastocado el símbolo.

            El de la cruz sirve en cuanto recuerdo de un hombre que murió por hacer realidad la simbología del delfín.

            La cruz fue el aquí y el hoy de un momento histórico. Hoy y aquí otras personas luchan por la felicidad, el amor y la amistad; muchas de ellas mueren masacradas, y otras en la sala de la incomprensión de los que presumen “comprenderlo todo”.

            Todo el significado que hombres religiosos, pero no-cristianos, han dado a la cruz es falso; eso sí: “dulcemente” falso.

            Jesús de Nazaret no fue asesinado legalmente para que nosotros vivamos otro “calvario”; él fue ajusticiado por hombres normativos que entendían la felicidad, el amor y la amistad como una meta a la que se llegaba por el cumplimiento de la ley.

            Siempre llevaré colgado el delfín que me regalaron mis amigas. Deseo vivir el tiempo que me quede de existencia en felicidad amor y amistad.

            Y lo voy a conseguir.

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