martes, 25 de febrero de 2014

Chócala



            Antes de que los notarios existieran, los hombres sellaban un pacto con un apretón de manos, era suficiente e iba a misa. Existen muchas formas de darse las manos, siempre recordaré en una visita de un inspector de enseñanza al Centro Escolar que un servidor dirigía, que el alto funcionario al darme la suya tuve la sensación de tener entre la mía un objeto fofo y casi repulsivo que consiguió el que yo no supiera qué hacer con ella, y quiero recordar que también la dejé pendulona; tampoco hay que pasarse, pues aquí en Málaga, esta ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia, tengo un amigo que cuando me la da lo hace con tal fuerza que procuro que dos lágrimas no resbalen por mi cara.

            Me ha llamado la atención que el señor Fenoll, emprendedor catalán e independentista, negara estrechar la mano del príncipe Felipe, cuando este se la tendió en una visita que giraba a una feria de informática que se celebraba en Barcelona, por no permitir, decía el tal Fenoll, que el marido de Leticia aprobase la consulta soberanista catalana.

            Creo que semejante postura es, además de ineducada, una sandez preparada de antemano para ser protagonista porque sí, más aún cuando el Príncipe de Asturias volvió sobre sus pasos para intentar de nuevo arreglar el desaguisado con un “chócala, amigo”, mientras el desaforado independentista siguió en sus trece negando apretar una mano tendida.

            Eso no se hace buen hombre, no ya porque el otro fuese Borbón en ejercicio sino porque es de muy mala educación dejar a alguien con la mano tendida sin apoyo de ninguna clase.

            Lo malo de la película es que los señores Homs y Mas, que acompañaban al Príncipe en el recorrido, no es que no reprendieran al maleducado Fenoll, sino que tras sendas sonrisas de oreja a oreja tendieran las suyas al discípulo de Laporta, demostrando una salida de tono y tino sin precedente.

            He hecho un alto en el debate de la Nación, aunque me he tragado el rifirrafe entre Rajoy y Rubalcaba, para narrar este hecho que retrata fielmente el momento que vivimos en esta España sin sentido, pues creo que estas torpes líneas conforman una foto más nítida que la que han presentado R y R.

            Negar un estrechón de manos por dos veces seguidas es un acto vergonzante sea quien sea el que la tiende.

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