miércoles, 5 de febrero de 2014

A los vencedores



              Tomad, malditos, el sol del poder, achicharrad vuestras entrañas con el clamor de la victoria; dejad que yo beba la copa vacía a la sombra del amor.

            Arrimad a vuestra soberbia la presencia de los dioses y lanzaos al abismo de los que todo lo pueden; yo quiero vivir en la ternura de unos ojos infantiles.

            Corred rápidos a la meta, traspasadla y anticipaos al primero no sea que os roben la corona de laurel; yo, recostado sobre mí, me desplazo indolente hacia el beso que soñé.

            Esparcid vuestro grito sobre las astillas del vencido y aplastad su corazón para silenciar la vida; yo arrimaré mi aliento a la húmeda mejilla de los que nada esperan.

            Vuestra riqueza está próxima, podéis olfatear en vuestras frentes la frialdad del denario de las traiciones; mientras tanto, aposento el odio en el amor.

            Copad la tribuna que os espera y pregonad, sin que os tiemble la voz, un racimo de promesas en la zanja de la mentira; yo compartiré el pan de la cosecha con los que aman la verdad.

            Verted el zumo del éxito por las pálidas cornisas donde anidan los pobres sus deseos; mientras, espero en la penumbra del olivo la caricia del sol.

            Recoged los escombros de la utopía y aniquilad su aroma en la soberbia de la embriaguez del éxito de la traición; desde la palabra haré germinar de nuevo el ideal.

            Llamad a vuestro lado a constructores de salmos y te-deum, su rastro de poder espera vuestras babas; en mis manos trinará el humilde jilguero.

            Engordad vuestras filas con los nostálgicos del sable y la redención; yo quedo con la simiente que copula la tierra del Sur.

            Preparad la orgía del triunfo en los vientres preñados de codicia, fama y envidia; yo asisto en el desierto al parto de la esperanza.

            Afilad vuestras lenguas en el clítoris de la venganza; mientras, os cedo mi garganta para el rito ceremonial.

            Introducid vuestros remos en la ocre ensenada, y agitad su reposo para que la ciénaga emerja a la superficie; yo descansaré en el filo del oleaje.

            Acudid con vuestras lanzas de fuego al río de lágrimas que inunda los hogares de los vencidos; en la espuma del perdón encontraréis mi espíritu.

            Y dormid extenuados tras la batalla que asesinó a la verdad; el sueño de mis ojos despiertos taladra vuestras intenciones.


            

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