viernes, 17 de enero de 2014

Vendimia del amor



Cuando oímos “te quiero
se inclinan las acacias del jardín.
No son palabras,
son gotas fatigadas
en desmayo supremo.
Cuando ya nada queda por decir
desbocadas se escapan:
abundancia de vida que nos cubre.

Y si decimos “vida”,
te lo digo a ti en mí,
tras tu rostro,
más adentro.
Cuando tu aliento exhala la palabra,
amorosa se extiende,
apacigua mi ser
y llega el bienestar
que se asienta en la calma de la espera,
se dilata el espacio,
se hace vida tu voz
y declina la luz.

Un “mundo” por construir,
un mundo con palabras de los dos,
más allá de este tiempo, de estos dioses,
de este infierno que abrasa nuestras voces.
Un mundo como el mar que se recrea,
de niños siempre en juego.
Vendimia del amor,
infinitud sagrada que sin ritos
adora a un mismo Dios.

¿Y si esto fuese un sueño?
¿Y si tú no vinieses
del adiós que nos dimos?,
y quedaras ya siempre tan lejana
que no supiera amarte.
¡Qué mundo tan oscuro y tan de día!
Vagando por un beso que no llega,
como orilla sin olas que la abracen.

(Final de Inacabada ausencia, de José García Pérez)

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