sábado, 11 de enero de 2014

Tristeza



          Silba el viento en la noche de mi alma y su lamento es el lamento de todos los quejidos de las almas tristes.

            Silba el alma que destroza mi cuerpo y se inicia en un intento de escape de todas mis aflicciones que se conjugan en un ay de dolor inconmensurable.

            Noches extrañas las noches de este extraño invierno que transcurren con amarga lentitud.

            No existen luces en el horizonte para iluminar todo el torrente de oscuridad fantasmal que se presenta ante mí. No hay ni el más suave soplo que pueda germinar felicidad.

            Todo es rincón oscuro, cerrojo enmohecido, arista cortante, negro candado cerrado y sin llave que impide a la libertad ser puerta batiente.

            Y cuando el negro monstruo intenta oprimir a la sonrisa naciente, a la libertad que emerge y a la amistad traicionada, todo se rasga y rompe.

            La quiebra es total: tritura la parte que camina hacia el abrazo y fortifica la debilidad de que nada es posible.

            Sin fuerza, como muñeco de trapo con corazón de hombre voy siendo comprimido hasta que cualquier día de noche invernal el débil corazón estalle cubriendo de rojo el trapo que lo envuelve.

3 comentarios:

  1. Dejarme sin palabras no es facil y este relato lo ha conseguido. Sin palabras.

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  2. La tristeza nos puede comprimir hasta lograr desconocernos. Un sótano sin luz y una rata salteadora limando sus colmillos en nuestras pobres defensas. Así es el presente.

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  3. Y al presente hay que hacerle frente. Gracias a los dos. Otro día intentaré escribir algo más alegre, pero no olvidéis que en la tristeza se encuentra la belleza.
    Con mi cariño, soy vuestro.
    Besos.

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