martes, 14 de enero de 2014

Qué barbaridad, Soraya



         Veo normal que el PSOE y resto de partidos de la oposición resten importancia al encuentro entre Obama y Rajoy pues no me cabe la menor duda que hubiese sucedido lo mismo, con Rajoy al frente, si el invitado hubiese sido Alfredo P. Rubalcaba.

            También veo totalmente lógico que toda la oposición desee que la “torera” Infanta Cristina haga el paseíllo borbónico hasta llegar al “morlaco” del juez de turno, y que en vez de escuchar un buen pasodoble sea un resonar de abucheos y pitos lo que acompañe a la rubia. Y es correcto que el gobierno de la nación haga lo posible e imposible para evitar ese mal trago a la esposa del chavalón de norte.

            Si usted, querido y anónimo lector, y un servidor nos tomáramos una copilla en cualquier taberna, le diría en plan compadre que a mí me da exactamente igual que Rajoy se vea con Obama o viceversa, y que la hija de SM el Rey haga el paseíllo o se camufle para evitar el bochorno consiguiente.

            Lo que me envenena un poco es que Soraya Rodríguez, portavoz parlamentaria del PSOE en el Congreso de los Diputados, afirme como la que no dice nada que la Infanta debe hacer el paseíllo “porque todos los españoles somos iguales ante la ley”.

            Usted, señora o señorita Soraya, y trescientas cuarenta y nueve personas más, tod@s diputad@s, más todo los componentes del Senado, más la tira de diputados autonómicos, no son iguales que los demás ciudadanos ante la ley.

            Usted, no lo olvide, es una aforada que no puede ser imputada, condenada y enchiquerada por cualquier juez; qué va, usted goza del privilegio -también yo lo gocé- de ser “juzgada” por el Tribunal Supremo de Justicia, y sabe muy bien que dicho órgano es bastante benévolo con la clase política, pues de ella proceden sus componentes.

            Y lo que son las cosas, la Infanta Cristina, a pesar de los pesares y por más idioteces que usted diga, no es aforada; es por ello que un juez, digamos normal, la imputa y cabe la posibilidad de que sea condenada.

            A usted, querida Soraya, se le aplica otra medida legal diferente a la del resto de los españoles. Vamos, que usted y yo no gozamos de los mismos derechos.

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