domingo, 19 de enero de 2014

Otra versión de Gamonal



Recuerdo como si fuese ayer cuando el presidente Adolfo Suárez reunió en La Moncloa a los secretarios provinciales andaluces de la extinta UCD para mantener un intercambio de opiniones sobre la situación social y política de finales de los años 70 del pasado siglo; en mi calidad de parlamentario y secretario provincial de Málaga acudí a la citada reunión.

            Uno de los temas que presentó Suárez fue el de las Fuerzas de Seguridad y su decidido apoyo por aumentar el número de sus componentes. Nos comentaba que eran escasas y mal pagadas e incapaces, por tanto, para hacer frente a los posibles brotes de violencia que podían darse por la geografía española, de tal forma que comentaba que si durante el régimen franquista se hubiesen dado estallidos violentos en varias ciudades a la vez, no hubiese existido forma de evitarlos ya que no habría sido posible hacer frente al unísono.

            Durante la confrontación de algunos actos vandálicos realizados en Gamonal, y no entro en la lógica razón que puedan tener los vecinos del barrio burgalés, he recordado aquella reunión con el máximo conductor de la dictadura a la democracia que tenemos, aunque ésta siga siendo discutida por los extremos de la cuerda política, derecha o izquierda, a los que, por cierto, no les interesa nada que huela a democracia.

            El “incendio” ciudadano del barrio de Gamonal, ignoro si hubo pirómanos de otras localidades, se extendió como reguero de pólvora por buena parte del territorio español, a saber, Barcelona, Madrid, Valencia, Zaragoza, etc., y personas, no muchas pero sí las suficientes para que los nervios prendan en los gobernantes,  que en su vida han pisado Burgos salieron a la calle para afirmar su apoyo a no sé qué ni a quién, pero sí a ese nuevo deporte de quemar contenedores, arrojar piedras y destrozar lunas de establecimientos bancarios.

            No existen tantas Fuerzas de Seguridad para ir de un lugar a otro y, por ello, no me extraña que el alcalde de Burgos pasara de una actitud de fuerza, a otra de aplazamiento de la construcción del tristemente famoso bulevar de Gamonal, para finalizar en la total claudicación.

            Creo que el citado alcalde, dado que la mecha de la pólvora se extendía a otras ciudades, recibió la orden de una instancia superior, pudiera ser del mismísimo Ministerio de Interior, ordenándole la bajada de pantalones.

            Y es que hay que ir con sumo cuidado, un par de muertos pueden dar la vuelta a la tortilla; lo que ignoramos es de qué lado puede caer la tortilla.

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