sábado, 4 de enero de 2014

La noche de los regalos



Torbellino de personas en busca del regalo adecuado para la persona deseada. Parpadeo de luces. Niños alucinados. Hombres y mujeres: alucinación de niños. Todos juntos en el ansia de encontrar el obsequio apropiado. Quincallas, joyas, muñecos, libros: ¡todo es válido! Hay de todo y para todos.

            Reyes de Oriente: Melchor, Gaspar y Baltasar.
            Reyes de Occidente: Dinero, Poder y Prestigio.
            Reyes de todo el mundo: Armamento y Política.

            Antonia, José, la Trini, don Leandro, todos por separados, y todos separadamente buscan juntos el obsequio.

            Algún día, todos: Antonia, José, la Trini y don Leandro llegarán a descubrir que no tienen necesidad de buscar objetos.

            Hace algún tiempo descubrí que era objeto, juguete; todos me querían poseer. Ahora quiero ser sujeto.

            Caminaba, quería captar la noche y tomar su magia: no lo conseguí. Compré regalos igual que todos compran regalos, por comprar regalos. Pero los regalos no se compran, no están a la venta.

           Venían de adquirir obsequios y creían que eran regalos, pero yo sabía que eran objetos. Seguramente que esta noche alguien habrá pensado: ¿cómo obsequiarlo?

            No os masturbéis la mente con obsequios manufacturados. Lo que quiero no está a vuestro alcance: se encuentra en la propia vida.

            Deseo amar, necesito amar para sentirme humano. No lo sabéis porque no veis las tachaduras de este papel. No leéis que escribo y borro y tacho y grito y callo y río y lloro y vivo y muero. ¡Estáis ciegos!

            Desprenderos de las escamas posesivas que cubren vuestros cerrados ojos.

            Tenéis de todo. No lo queráis todo: no compradme, dejadme libre.



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