viernes, 31 de enero de 2014

Félix Grande: algo más que un escritor



            Sin duda que Félix será conocido y reconocido por su poesía, narrativa y el magnífico conocimiento de la flamencología que le llevará a recibir los tres premios máximos en dichas materias.

            De quedarme con algo, pues me quedaría todo, en poesía lo haría con “Blanco spirituals”, en narrativa con la sencilla y maravillosa “La balada del abuelo Palancas” y en flamencología con sus estudios sobre Paco de Lucía y Camarón de la Isla.

            Pero si quiero ser sincero, me quedaría con él, con sus dotes de seductor, con su sencillez, con su coherencia entre sus pensamientos y hechos, en el tránsito del amor al cariño a Paca Aguirre, su compañera en todo, hasta en compartir el Premio Nacional de Poesía.

            Dejó la azada de jornalero y también la guitarra, instrumentos con los que ganaba una pocas de pesetas para ir tirando, y emigró a Madrid para vivir la bohemia de la literatura que llevaba en sus entrañas. Félix fue un autodidacta que bebió las voces de Antonio Machado, César Vallejo y Luis Rosales, su maestro y mentor, y le marcaron para siempre.

            Tuve la suerte de conocerlo más íntimamente en el lugar donde el viento silba nácar, la playa de La Antilla; dos o tres veranos hablando continuamente del amor en todas sus acepciones, de poesía en todas sus variables, de ciudades y mujeres, de soleares y fandangos. Llegamos a abrirnos el uno al otro de tal forma que no sé si era yo el que le daba la absolución por haber sido un hombre bueno o el a mí por no serlo.

            No ha podido ejercer como Presidente de la Asociación Colegial de Escritores de España, elegido hace un par de meses, porque un mal bicho se lo ha llevado por delante. Nieto e  hijo de socialistas, él también lo fue aunque no sé si con carné, pero si con su vida ejemplar.

            Seguro que Paco Basallote recordará un recital de poesía que dimos con Félix en San Fernando (Cádiz), y aquella histórica cena que vivimos en el reservado que la Venta Vargas tiene dedicado a Camarón; allí vivimos los tres una velada inolvidable y allí vimos a Félix llorar por los recuerdos de sus “correrías y escritos” flamencos sobre “el de la Isla” y Manolo Caracol.

            Pues sí, ha muerto: pero nos deja su legado de artista y su vida ejemplar. En estos estropeados tímpanos que poseo quedarán para siempre los bucles de su voz grave y de su buen decir.

            Lo he querido a rabiar.

            

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