lunes, 13 de enero de 2014

Dulce paella


          Tose demasiado. Comenzó este jodido 2014 con más de 38º de temperatura. Tiene fiebre y lo dicho, tose en demasía. Y aunque algunos me tilden de frío y cerebral, soy tierno y sentimental.

            Es que son muchos los años que llevamos juntos con nuestros problemas y formas distintas de ser. Yo preocupado por todo y ella tan sólo por mí. Un servidor intentando arreglar el mundo y ella depositando un río de sonrisas a mí alrededor. El menda escribe que te escribe y ella aguanta que te aguanta.

            Hemos sido capaces de pasar del “te amo” al “te quiero” con facilidad. Jugamos a la soledad compartida, ella por allí y yo tecleando con dignidad. Vivimos en el mismo hogar, pero sabemos respetar la intimidad del otro.

            Estamos solos, y como lo sabemos nos acompañamos con la mirada. No es necesario hablar en demasía. Ya ven, la conocí en el año 1951 y contra vientos y mareas permanecemos atados al ancla del cariño. Que no me la toque nadie que lo mato.

            Pero tose demasiado. Hoy le han mandado antibióticos para ver si apagan el volcán de su divino pecho. La señora que nos ayuda ha venido hoy y ha cocinado una magnífica paella.

            Con el mayor mimo posible he preparado en una bandeja una porción de la paella y medio filete empanado; se lo he llevado a la cama con mucha precaución porque, aunque no lo crean, soy muy torpe; en otra bandeja deposité mi parte de paella, me senté en la otra cama y entre risas por fuera y lágrimas por dentro cada uno se ha comido su porción.

            Después he retirado las bandejas, los platos, los vasos y los cubiertos y los he limpiado con esmero; le di el antibiótico y el jarabe. Ya veremos. Hoy me he portado muy bien. Estoy contento de mí y de estas letras que a nadie importa, pero las suelto y quedo más tranquilo.

            Perdonen, les dejo porque está tosiendo demasiado. Tal vez haga falta que esté a su lado.

2 comentarios:

  1. Do José, espero que su señora recupere la salud lo antes posible. Pero espero que Vd. no recupere la vena machista habitual que ha mantenido desde el año 51 del siglo pasado. Que ella lo cuide a Vd. está bien, pero estaría igual de bien que ´Vd. la cuide a ella. No perdería la hombría por quitar la mesa y fregar los platos de vez en cuando. Ella le dirá siempre, "déjalo, ya lo hago yo". Pero no le quepa la menor duda, que si lo hace, se sentirá profundamente recompensada.

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  2. Intentaré seguir sus sabios consejos, pero he de decirle algo D. Antonio: últimamente ayudo lo que puedo.
    Gracias por sus deseos de mejoría de la "pastora".
    Abrazos

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