miércoles, 15 de enero de 2014

Diez grietas de silencio



DIEZ GRIETAS DE SILENCIO

                   -I-

Las palabras se agolpan aturdidas.
La voz de tu sonrisa
se pierde en los cipreses
que adornan los caminos del olvido.
Reina el silencio,
en la nada me cubro de sus cantos.
Un gemido de rosa se evapora:
percibo su dolor.


                  -II-

Lujuriosa, la noche sin estrellas
es un negro sedal.
La ceniza del vuelo de tu sombra
besa sin fuerza
la brisa levantada por mi llanto.
En aguas de levante abarquilladas
una lágrima muere en la vigilia.


                   -III-

Esta noche sin Dios en las estrellas,
cuando llora la noche su destierro
y musita el rocío escalofríos,
bambolean cadáveres de amores.
Un halo luminoso
serpentea silente la marisma:
la retama despierta esperanzada.


                    -IV-

Unas líneas cuelgan de la nada.
Son perseidas fugaces de tus besos.
Mis labios se acalambran.
Una grieta derrama en su silencio
sílabas de tu nombre.


                      -V-

El mar de las palabras se conmueve.
Que no sea el silencio tu respuesta
ni la noche tu aliada.
Deja que el sol rebose.
Vestigios de sus luces
aguardan impacientes tu clamor.
Un lucero detiene su camino.

                    -VI-

En la dársena azul de mis recuerdos
duermen las redes de la noche tuya.
La blanca niebla
avanza lenta.
Balanceo de barcas
en las aguas del tiempo que no vuelve.
Luces de las chalupas
alumbran los deseos sostenidos.

                  -VII-

La seca piel lamenta tu vacío.
La brisa de tu adiós
asola la frescura del oasis
que creamos en noche de septiembre.
Un surco de salitre
amanece en mi pecho solitario.

                 -VIII-

El quicio de la muerte salpica su llovizna
en versos abrigados de ilusiones.
Cada letra apuñala
un instante de ti.
Cierne la nada su aposento raso
y un grito sepultado resucita.

                  -IX-

Gimen bajo mis pies
camino del ocaso
las verdes algas de la blanca orilla.
La sonrisa salada de los mares
acarició tu nombre.
La gaviota asentó su vuelo
en lo alto de la duna
donde nos amamos sin fin,
Lloré por ti, por mí
y por ella, por nuestra soledad.

                 -y X-

Cada verso levanta su rostro de esperanza,
resisten a las manos que dominan sus almas,
cambian sus tonos en las suaves crines
de la melancolía
cuando la noche
cubre de olvido el odio del poeta.
Te sigo amando.


(De José García Pérez)










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