martes, 21 de enero de 2014

¿De quién es el escaño?


          De nuevo, con la ruptura de la disciplina de voto de los tres diputados del PSC, vuelve la polémica sobre la “propiedad” del escaño obtenido en unas elecciones, sean estas generales, autonómicas o municipales, y junto a los “derechos adquiridos” brota el tema de la disciplina de partido.

            La Constitución, en su artículo 67.2, deja el tema clarísimo al enunciar: “Los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo”. Frente a esta propiedad del elegido, la clase  dirigente política española establece los que se conoce como “disciplina de partido”, o sea, a obedecer y no se hable más del asunto, lo que conlleva un total atropello a la libertad de conciencia, o sea, a votar según el dictado personal, intransferible por cierto.

            La conducta de los tres “insurrectos” diputados del PSC puede llevar a la dirección del partido a su apartamiento del colectivo político o a una multa, pero jamás a birlarle el escaño que les pertenece según nuestro ordenamiento jurídico.

            El surrealismo político español llega a tales actos de insensatez que, sin ir más lejos, vemos a la vicepresidenta primera del Congreso, Celia Villalobos, solicitando del PP libertad de voto para los diputados de la “gaviota” en el escabroso tema del aborto, y la libertad, en todas sus variantes, no se pide sino que se ejerce sin más.

            En las auténticas democracias consolidadas, los parlamentarios votan, a veces, a favor de los contrarios, y es práctica común.

            Recuerdo aquellos años convulsos de la pre-autonomía andaluza en que Manuel Clavero, ministro de Cultura de UCD, abandonó el partido centrista por no estar de acuerdo con el proceso autonómico que desde el gobierno se dictó para Andalucía y se refugió en el Grupo Mixto; y cómo no voy a recordar lo “sufrido” en mis propias carnes por idéntico motivo cuando, tras hablar con Fernández Ordóñez, Fernando Abril y Adolfo Suárez, decidí que mi lugar político estaba fuera de UCD para situarme dentro de Andalucía y su problemática.

            Todos aquellos que hemos pasado por situaciones semejantes sabemos de críticas soportadas, miradas aviesas, declaraciones difamatorias y hasta de alguna seria velada amenaza; pero a pesar de ello, a contracorriente de las formas, dimos el paso que creímos conveniente y antepusimos la libertad a la disciplina.

            En pocas ocasiones, aunque si en algunas, pienso que mi vida no sería la que es si me hubiese doblegado a la disciplina de partido, pero jamás me arrepentí de dejar de ser algo para ser yo.


            

2 comentarios:

  1. Don José, lo de Vd. magnífico y punto. Pero nos libraríamos de todos estos embrollos de nuestra aparente democracia, si de una puñetera vez nos atreviéramos a votar el poder legislativo en listas abiertas y votar los ciudadanos el poder judicial. Y entonces ya, daría casi igual quien eligiera el poder ejecutivo. Que es hoy el que reúne en sus manos los tres poderes.

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  2. Montesquieu, dijo Guerra a muerto. En parte de acuerdo con las listas abiertas, pero en las votaciones al Senado, aunque no a la perfección, se podría decir que son semiabiertas y el personal, adicto que es a los partidos, sigue votando a los pertenecientes a la misma formación salvo raras excepciones. Abrazos.

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