lunes, 30 de septiembre de 2013

0,25%



           El PSOE nos congeló la limosna a los jubilados, y el PP ha entreabierto la puerta del congelador con un 025% de subida de la dádiva estipulada, o sea, una viruta de calderilla que no alivia nada ante la inminente subida de precios e impuestos indirectos y otros que van directamente al corazón, me refiero a los fármacos; vamos, que si todo siguiese igual habría para una cajetilla más de tabaco o un dulzón pampero o una pasta de dientes de las del montón. Y además, agradecido a los prebostes de la economía.

            Tras más de cuarenta años de servicios en los distintos ministerios de Educación, de pasar hambre por los años 50 del siglo pasado, de impartir clases particulares a estudiantes de enseñanza por libre para llegar con dignidad a fin de mes, de aprobar cuatro oposiciones, a saber, de ingreso en el escalafón de maestros naciones, de otra llamadas a “plazas de más de 10.000 habitantes”, de profesores de escuelas anejas a las Normales (algun@s no saben de lo que hablo), de aprobar las del exterminado Cuerpo de Directores Escolares por orden de Felipe González, y de ser nombrado por Consejo de Ministros Vicepresidente del Consejo Nacional de Educación, después de todo eso y de seguir afilando la punta del lápiz para dividir la cantidad jubilosa por treinta puñeteros días que tiene el mes, cabe preguntarse: ¿de qué entró un servidor en el Magisterio Nacional?

            Y el detalle es que tenemos que estar agradecid@s a izquierdas y derechas porque la manduca, las habichuelas que decía mi padre, la tenemos asegurada, pues todo es cuestión de no sobrepasarse y creer uno que es el rey de los tiesos; aunque conviene y es justo decirlo que cuando uno otea el horizonte de personas que conoce y no llegan a fin de mes, queda un servidor convertido en una manifestación sagrada ante tantas personas mirando los lunes al sol y que no llegan a primero de mes.

            Más todavía, con tan poco como tenemos asistimos, un mes y otro también, al milagro de la multiplicación de los panes y los peces -aunque estos últimos sean morralla-, pues gracias a este ejército de mutilados frenamos, con aportaciones a nuestras familias, la auténtica revolución que este país necesita.

            Son ustedes, mandamases de la cosa nuestra, los que tienen que estarnos agradecidos.





            

El destierro





            Nadie quiere ser desterrado. Tod@s huimos de la posible expulsión de nuestra tierra de realidades y lazos afectivos.

            Nos turba la imagen de una vida fuera de los límites concretos de lo conocido. “Desterramos” el destierro y queremos seguir permaneciendo en el espacio estúpido donde nuestra propia estupidez es conocida y asumida por aquellos que nos rodean.

            Cuando se opta por salir de la “tierra conocida”, comienza una apasionante aventura hacia la auténtica felicidad.

            Salir de la propia tierra dominada “infiere dejar a un lado”: la seguridad de pisar lo conocido, la estabilidad que supone lo alienante, la lógica que muestra como sentimiento lo razonable.

            Quisiera dar pasos deslizantes -sin tocar el asfalto de la realidad- hacia el misterio de la tierra prometida o destierro.

            Pero ello es imposible. Nada se consigue con deslizarse, pues en la búsqueda no existe el deslizamiento, ya que es un camino de guijarros, tropiezos, rupturas y mutilaciones.

            Temo salir hecho un guiñapo sin posibilidad de restauración; pero es peor quedarse petrificado en la tierra conocida.

(De “Meditando en pecado” de José García Pérez)

            

domingo, 29 de septiembre de 2013

Mar de soles





Esta tarde rompían las olas al revés.
Mar adentro.
Las espumas jugaban a cristal tras los juncos.
Mar de soles
con espigas de dunas.
Besé la roja arena de la orilla:
sabía a Dios.

(De “Sílabas de marzo”, de José García Pérez)

En prosa





  En prosa, quiero escribir en prosa.
  Lo quiero hacer en la libertad de plasmar sencillamente los sentimientos que viva.
  La rima es rebuscada. Se puede construir. Se ata y sujeta a golpes de ritmos y medidas.
  No brota como la prosa, pues ésta no deja de fluir, nacer y crecer.
  Aquella se milimetra y siempre tenemos el recurso de la diéresis y sinéresis para sujetar la estrofa.
  Cuando leo mi pensamiento a través de la prosa no existen tachaduras ni borrones; es la vida escrita a trazos.
  Con la prosa se aligera uno de cargas íntimas; con la rima aparecen nuevas pesas que tiran hacia lo profundo del ser.
  La prosa es la gaviota de ágil y bello vuelo que, sin aparente esfuerzo, rasga y se desliza entre la nada del aire que respiramos.
  La rima es el colorido y el trinar rítmico del pequeño canario que llora alegre su truncada libertad.
  En prosa, prefiero vivir en prosa.

(De “Meditando en pecado” de José García Pérez)

sábado, 28 de septiembre de 2013

Las Humanidades del ministro Wert


           Esto de las humanidades y de la Historia única de España que se trae el ministro Wert va a traer larga cola de pronunciamientos a favor y en contra. La mayor disidencia va a venir, con toda seguridad, de Cataluña y País Vasco, prototipos de nacionalismos de vanguardia.

            No sé si se me nota que tengo un cierto  ramalazo nacionalista, cosas de la nostalgia que llama Jon Juaristi con su libro “El bucle de la nostalgia”, cuando riega con orín los principios del nacionalismo vasco.

            Desde siempre me llamó la atención, como alumno y enseñante, el despliegue que las editoriales nacionales daban al hecho histórico conocido por Reconquista, ya saben, cuando don Pelayo, fornido él y mesándose las barbas, allá por la cueva de Covadonga, dicen que soltó el primer grito, ya famoso hoy por aquello del fútbol, de “a por ellos”.

            Abundaban por aquí, por el Sur, también por Levante, la tolerancia, cultura y libertad en una casi perfecta sintonía; convivían tres religiones: cristianismo, islamismo y judaísmo. En vez de jugar a subir piedras o a tirárselas los unos a los otros con una cierta mala leche, los andaluces se dedicaban a leer libros, gozar de la vida, filosofar, ejerce un comercio sin los sobresaltos de hoy, edificar palacios, construir acequias e irradiar cultura al resto de Europa.

            Así estábamos por la campiña del Guadalquivir, Alpujarras y la bella y dulce Axarquía, cuando aparecieron los conquistadores, una tropa formada mayoritariamente por castellanos y leoneses que, con una cruz en una mano y en la otra una espada de grandes dimensiones, pusieron a parir a la gente de buena voluntad de estos campos.

            Así las cosas, y pasado un tiempo, llegaron los reyes de Aragón y Castilla, Fernando e Isabel, y pensaron en hacer uno, grande y libre todo el territorio que pudieron abarcar con la fuerza de sus ejércitos. Lo consiguieron, y nació España, y en ella nací y a ella me debo, a ella me incorporaron mis antepasados, a los que respeto y estudio; pero por favor, no me hagan abjurar de mi pasado, de mi historia. “Los andaluces -dice nuestro himno- queremos volver a ser lo que fuimos”, y es que desde entonces estamos estancados.

            Se permitirá alguna vez que a ese trozo de historia llamado Reconquista, sea denominado y estudiado como La Conquista de Andalucía. Creo que no es mucho pedir, pues uno tiene su corazoncito.




            

El ascensor



EL ASCENSOR

            Hoy he bajado, desde mi celda de trabajo, los doce pisos escalón a escalón. He preferido hacerlo por mis propios pies “cayendo en la cuenta” de lo que hacía; y disfrutando al hacerlo.

            Un día, no sé cuando, intentaré subirlos. No creo que mi viejo y gastado corazón pueda lograrlo.

            Se puede ascender o descender de dos formas: “a golpe de corazón” (escalón) o, sin aparente esfuerzo, desde el vértigo de un enorme ascensor.

            Desde hoy voy a darme cuenta de todo lo que vivo, y si ello es “ascensor” o “puro escalón”.

            Caminar “escalón a escalón” es ser consciente; sabio en el rutinario quehacer de no hacer nada; saborear el ocio y la nostalgia; añorar el pasado sin cadenas que me anclen; vivir hoy como si el mañana no existiera, y cuando llegue amarlo sin que exista el ayer; y esperar dulcemente el último atardecer.

            El ascensor no me gusta. Ninguno. Su techo y paredes están gastados de miradas de no mirar a nadie.

            Es el desierto de la no comunicación; el lugar del no encuentro de personas que buscan la llegada para dispersarse.

(De “Meditando en pecado” de José García Pérez)

            

viernes, 27 de septiembre de 2013

Tomo la roja arena





Yo cuento las gaviotas: una, dos,
tres, cuatro, cinco y asustadas vuelan.
Yo vivo nuestro tiempo de lamentos
y zozobran los besos que navegan.

Miro las olas y su blanca espuma,
todas lloran cansadas en la orilla.
Recuerdo triste nuestra larga ausencia
y como ola y su espuma es mi agonía.

Desde la duna de cristal rojizo
donde escribo canciones a la mar,
tomo la roja arena que tu mano
besara, y grano a grano tú te vas.

(De “Sílabas de marzo” de José García Pérez)


Quisiera





  Quisiera no tener jamás que preguntar, y vivir siempre en la ingenuidad de que no habiendo nada seguro, siempre estoy confiado.

  Quisiera querer como los demás quieren ser queridos.

  Quisiera lo imposible en felicidad: conseguir que todos sean felices.

  Quisiera lo que ellos dicen que quieren: a Dios, al mundo, al otro y a la otra, al mismo tiempo que amo a éste y ésta.

  Quisiera romperme en mil trozos para que cada persona que dice quererme recoja del cubo de basura de los “hombres rotos” el trozo que más le guste manosear y sentir como suyo.

  Quisiera que mi mente no ampliara la visión que otros tienen de la vida, y conformarme -conformar yo mi vida- con la poca cosa que las cosas son.

  Quisiera saber sonreír cuando no tengo ganas, y decir: ¡hola, que tal! con la boca abierta por una sonrisa, que los demás creen sincera, sin tener por ello que sufrir.

  Quisiera no haber nunca amado, y, así, no saber la diferencia entre amar y querer.

  Quisiera tantas cosas, que ya nada quiero. Sólo pasar y existir, hasta que lánguidamente, en un atardecer de este otoño que comienza me quede quieto, muy quieto.

(De “Meditando en pecado” de José García Pérez)

jueves, 26 de septiembre de 2013

Lágrimas



Ayer lloré.
Solamente dos lágrima surcaron mi rostro.
Fueron dos ríos de vida.
Lloré de noche, como dicen que lloran los hombres.
No lo hice por nadie. Fue por mí.
Lloré sintiendo qué es la vida y sabiendo qué es mi vida.
Lágrimas de esperanza y desesperanza.

Sabiendo que es esperanza, ya no espero ninguna sorpresa de vida en mí.
Está todo mecánicamente milimetrado, Existen milímetros hasta en el límite de la ilusión.
Hoy, mañana y siempre será todo exactamente igual.

Nadie descubrió mi llanto. Todo dormía. Solo, sin capacidad de compañía. Nadie me acompaña en mi pensar.
Me dormí con mis dos lágrimas. Han sido mis dos únicas lágrimas de vida.

(De “Meditando en pecado”, de José García Pérez)

Los muertos os saludan



         ¿Qué me ha ocurrido hoy?, algo normal, mis “pastora”, o sea, Rosa Pastor, esposa y compañera, me dice a la entrada del mediodía si podíamos almorzar fuera de casa, “ni te preocupes, amor”, dicho y hecho; hemos ido a “La esquina del pintxo”, justo frente a casa, y hemos pedido unas tonterías de nada que no voy a describir por vergüenza. Siempre tomo café y un sorbo de JB, con hielo y una miaja de agua, después de ingerir cualquier alimento, cosa que hago para mantener el cuerpo en alcohol; justamente en ese instante la menda lerenda dice: “bueno te espero en casa”.

            Así que salí del aire acondicionado y me fui a la terraza donde una ligera brisa de levante, a la buena sombra, hacía apetecible un cortado de café y el ya citado JB; pedí a Alfredo el güisqui de marras y el periódico de la prensa decana malacitana y, a la primera de cambio sin necesidad de introducirme en el interior del mismo, me encuentro con la noticia de que la Junta de Andalucía de Susana, oh Susana, está preparando una ley para que mis queridos amigos socialistas y comunistas puedan fisgar en las cuentas corrientes de los fallecidos o muertos, ay de los muertos, un año antes de que desaparezcan de este valle de lágrimas, nunca mejor dicho y superando en mucho aquello del “Dios te salve María…”.

            Una putada necrológica -no se me ocurre mejor definición- para saber que es lo que ha hecho el muerto, antes de ir a la gloria o al infierno, con la pasta acumulada tras años de ahorros y recortes de cigalas, gambas y otras delicadezas.

            Todo ello según se barrunta, porque uno no es un gilipollas, para saber si el difunto, antes de diñarla como Dios manda o como la Junta desea, llámese eutanasia encubierta, ha sacado parte de sus ahorros para endiñárselos a sus legítimos herederos.

            Oh Susana, tú que has sido asunta al poder andaluz por mor del cobardón Griñán, no creo que optes a saber lo que hago con mis veinte mil euros ahorrados a fuerza de ser un desgraciadado; por Dios, Susana de mi vida, que tú sabes que te quiero a rabiar, no fisgonee en mis gastos anteriores a mi artículo mortis que, ya sabes, me los he podido gastar en putas, en pobres -viene a ser lo mismo-, en JB, en primitiva o en lo que me salga de los cataplines, o sea, en esos colgantes ya paupérrimos que cuelgan en el ocaso de su penduleo. Mira, oh Susana, que me empadrono en Madrid, y a ti, a Rafaelito y a don Diego, oh don Diego, os van a dar por el mismísimo.

            Al menos, digo yo, respetad a los muertos y su última voluntad, a saber, hacer con el sudor de su trabajo -ustedes nunca lo han sudado- lo que les apetezca.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El llamado "derecho a decidir"


          Ya sabemos que el que puso de moda este concepto de “el derecho a decidir” fue el lendakari Ibarretxe, pero este señor al menos tuvo la valentía y cortesía de pasar ese posible derecho por el tamiz del Congreso de los Diputados donde, por cierto, fue tumbado en un sano ejercicio democrático de la legalidad vigente.

            Desde hace un tiempo nos llega Artur Mas con la misma cantinela de que las regiones, pueblos, comunidades o nacionalidades deben ejercer ese derecho que puede llevar a la emancipación o independencia de Cataluña.

            Los parroquianos de los bares, cada vez más escasos ambos, o sea, bares y parroquianos, gustan hablar de política cuando la presencia en las televisiones de Messi y Ronaldo se lo permiten; en los bares se habla de política a lo bestia, y es por eso que cuando sale este tema un elevado tanto por ciento de la feligresía etílica pronuncia la ya famosa frase de “pues yo les daba la independencia y que cada perro se lama su capullo”; cuando escucho esta barbaridad política intento hacer uso de la persuasión y convencer a algunos, pero no hay manera pues lo primero que me espetan es que yo soy uno de ellos, de los políticos; y es que la política, al igual que dicen de los Sacramentos de la Santa Madre Iglesia, imprimen carácter, o sea, una especie de estigma en todo aquel que dedicó a ella parte de su vida.

            Aunque se peque de pesado, que se peca, digamos una vez más que en el Título I de la Constitución, el que hace mención a los derechos y deberes de los ciudadanos y que contiene unos treinta artículos, no aparece este fantasmagórico derecho, y que aparte de que la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española (artº 2º), la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado (artº 1º).

            Por favor, no me lo  digan que lo sé, me refiero a que se cambie la Constitución, pues de acuerdo, que se cambie; mientras ello ocurre, los que se encabronen en seguir con la matraca están fuera de la ley, también se conocen por forajidos.

            Es duro, pero es así.


            

Soledad





No quiero ayudas ni voces que a mí alrededor se alcen para determinar mi senda.

No necesito consejos ni gritos más o menos fuertes que vayan jalonando mi existencia.

No demando cariño ni susurros que turben de un enfermizo malestar todo mi ser.

Quiero estar solo. Necesito estar solo. Demando soledad.

Es en mi soledumbre cuando analizo lo irreal de mi realidad, y lo real de mi sueño.

Solo, sin compañías que adormezcan mi pensamiento; no deseo a nadie para reposar mis íntimos sentimientos.

Cuando estoy con otros, pienso en estar solo; cuando estoy solo, pienso.

(De “Meditando en pecado” de José García Pérez)

martes, 24 de septiembre de 2013

Arenas y cenizas lloran





Hasta los juncos con tu nombre asolan
de plegarias los cielos de este  marzo.
Claman sus silbos sílabas de fuego
que se alzan verdes  como largos brazos.

Las arenas barnizan por orillas
perfiles siseantes de tu paso,
y las gaviotas cruzan con sigilo
sus huellas con las de tus pies descalzos.

Arenas y cenizas lloran, funden
juntas en soledad su último abrazo.
La tarde en su letargo desespera
del adiós de los siempre enamorados.

Y un sol naranja alumbra con mi tú
que nunca se consume, como ocaso
eterno de esperanza de la blanca
luna que palidece con mi llanto.


(De “Sílabas de marzo” de José García Pérez)

La vejez


         La vejez, como el amor, llega extrañamente de repente. Ayer me sentía joven y hoy, totalmente anciano. Y con el amor lo mismo, ayer veía las cosas comos son y hoy, como las veo. Es una extraña transformación que sacude con fuerza los cimientos de la persona; no llegan a ser destruidos, pero sí son conmovidos.

            Llegar a la conmoción del amor, tal como se entiende éste, es ya prohibitivo para una persona que camina hacia los ochenta años; aunque existen rescoldos de aquello que fue y es, pero que permanece en un estado de nostalgia.

            La vejez es presente, rabioso presente ante la que no cabe rebelión alguna; y además, si te haces el socarrón y no la deseas aceptar, llegan los que te la hacen ver, sentir, palpar e intentar que tú lo aceptes como un hecho natural.

            Lo malo que puede tener la ancianidad es tal vez que, sin tú caer en la cuenta, comienzas a estorbar a los más jóvenes en edad y, buscan por tu bien, dicen, que debes aceptarla y dar paso, en cualquier aspecto de tu existencia, a otros, a los ricos en vitalidad, a los que tienen capacidad para conseguir aquello que tú, por acumulación de años y desgaste de neuronas, ya no puedes conseguilo porque has pasado a formar parte del cubo que recoge los escombros de los que fueron.

            Y sin embargo, lo que son las cosas, ocurre que piensas, sientes y lloras; en silencio, lógicamente, porque si no te tomarían por un viejete digno de lástima y compasión. Ocurre entonces, que te quieren distinguir con títulos honoríficos que no te honran, sino que certifican la vejez y el ser ya un trasto para lo que te quede de existencia.

            Sin embargo, cada persona -sea joven, madura o anciana- tiene un ADN diferente de los otros y otras. Por ello es imposible el cambio ante lo que uno considera injusto, y presenta batalla o batallita porque a su edad le da lo mismo ganarla que perderla, porque en realidad lo que le molesta es perder la dignidad.

            Y es que cuando se pierde la dignidad, se acaba la vida.

Los otros




   Caminan y pasan. No piensan o piensan mejor que nadie, no se sabe. Son seres normales. Se sienten felices. No cuestionan nada.

   Son dibujos desnaturalizados de la imagen que representan. En su “normalidad”, observan como extraños a quiénes preguntan a la vida por la vida.

   Se encuentran en todas partes. Son partículas de la atmósfera que respiramos.

   Vencen en todos los combates. Es imposible hacerles frente; conviene malvivir en su atmósfera, y emerger a la vida en determinados momentos.

(De “Meditando en pecado”, de José García Pérez)

lunes, 23 de septiembre de 2013

Nadie lo puede entender





  Nadie lo puede entender; este papel nadie lo puede entender.
  Es el parto de la intersección de ternura y pasión.
  Es el principio y final del tronar de cantos poéticos que, desde siempre, intentaron alzar la voz para cantar lo que es amor.
  Es la ilusión de la realidad de la ilusión.
  Es el ejercicio indesmayable de las arenas de las playas que en un instante, nada más que en un instante, se desliza entre cuerpos y almas de dos seres que son uno.
  Es el ilusorio vestigio de todas las civilizaciones que siempre quisieron concretar, sobre un lienzo o pentagrama, la deseada conjunción de la felicidad.
  Es el intento de que el tiempo no destruya el placer de sentir como hombre y mujer.
  Es el zizagueo de la serpiente que, tímida y lenta, pero segura, se desliza entre un bosque de sudor humano.
  Es querer asir, para que no vuele hacia el mísero espacio del olvido, lo que para mí es vida.

(De “Meditando en pecado” de José García Pérez)

Dos formas de concebir la política



         No van estas palabras dirigidas a dar la enhorabuena a Ángela Merkel por su victoria en los comicios alemanes celebrados el pasado domingo en los que ha rozado la mayoría absoluta frente a los social demócratas del SPD, Los Verdes y el partido llamado “La Izquierda”.

            De tod@s es sabido que el partido que lidera Merkel es el CDU, o sea, la Democracia Cristiana: un partido claramente de derechas, sin disimularlo y sin hacer nada por esa manía española de declararse de centro.

            En Alemania, hasta la fecha, en política, por regla general, cuando no se alcanza la mayoría absoluta manda el pacto entre las fuerzas que concurren a las elecciones. En la última legislatura, el pacto se realizó entre los democristianos de Merkel y el Partido Liberal, y en la anterior a ésta emergió el gran pacto social entre el CDU y el SPD, lo que en España vendría a ser entre PP y PSOE.

            En estas elecciones últimas, Ángela para gobernar con solvencia tendrá que pactar con Los Verdes o con el SPD; por aquellas tierras no vale eso que por estos lodazales conocemos como “pactos puntuales”; el último gobierno de Zapatero es un buen ejemplo de ello, esos pactos funcionan, ya saben, bajo la premisa: “tú me das los votos para sacar una ley y yo te doy los euros para que los invierta en tu terruño”, y así nos ha ido.

            Extrapolen los resultados alemanes a España: el PP roza la mayoría absoluta y, tras él, PSOE, Izquierda Unida-Los Verdes, UPyD y, pongamos por ejemplo PNV; no más de quince días tardarían los últimos en pasar por el tubo a los chicos y chicas del PP.

            Algo parecido a lo que ocurrió en Andalucía, ni cinco minutos tardaron los hombres y mujeres de Griñán y don Diego en expulsar a los infiernos de la oposición a las mujeres y hombres de Javier Arenas.

            En Alemania se respeta al ganador, y no se les caen los anillos de los dedos en pactar con él para sacar el país hacia delante; eso para mí, lo pragmático y lo real, es lo que nos diferencia del mundo teutón.



domingo, 22 de septiembre de 2013

Veo tu beso azul





Dijiste: -me voy ya”, pero te quedas siempre
en el silencio gris que me envuelve y me turba.

Esparces soledad. Las noches de tu ausencia
son negras margaritas que lloran en mi tumba.

Veo tu beso azul acariciar mis ojos
y lloro lentamente lágrimas que son tuyas.

Las pálidas paredes blancas, cual azahar
alargado sin fin, están sin sombra alguna.

Cada tiempo sin verte, luciérnaga sin luces,
es tiempo de tinieblas, luciérnaga de dudas.

Y cuando llega el día te escondes cautelosa
como flor entre flores, como junco en las dunas.

Habituado a la noche, me confundo en el día
y busco entre las luces, sombras de luz nocturna.

Descanso en las orillas de los azules mares
y espero que la noche con su manto me cubra.

(De “Sílabas de marzo” de José García Pérez)

sábado, 21 de septiembre de 2013

Mirar deprisa




            Hay de todo. Personas que gustan de las cosas “a lo claro”, y seres que les agrada todo confuso.
            Como no tengo tiempo para nada -solamente para ser- me agrada otra forma de comunicación.
            Me encanta leer “entrelíneas”, amar “entrelíneas”, vivir “entrelíneas”.
            Es tan vulgar la anodina existencia, que se hace más vulgar leyendo, amando y viviendo todas las letras de todas las líneas del existir.
            A sabiendas, querido, me “salto” las líneas que no me interesan. No es necesario leerlas, vivirlas o amarlas. Son repetitivas. Reproducen la misma sensación ya percibida en la anterior línea, vivencia y amor.
            Mirar deprisa, a golpe de corazón, y entrever líneas que me agradan y líneas pesadamente vulgares, es un buen ejercicio como lector y persona.
            Voy siempre a quedarme con las líneas que “entrelíneas” me producen felicidad.

(De “Meditando en pecado” de José García Pérez) 

La entrevista


         Seguro que entre ustedes los hay que han recibido esa llamada inoportuna en la que, por regla general y a la hora de la pequeña siesta, una voz femenina con acento sudamericano le pregunta, llamándole por su nombre, qué compañía de telefonía es la suya; y también es seguro que, con educación o gaitas destempladas, ha contestado que no le interesa el producto que le intentan vender desde el otro lado del hilo telefónico.

            Pues bien, hace unos días me encontraba de buen humor cuando sonó el teléfono y me hicieron la pregunta de marras. Y es que tenía tiempo porque los jubilados, aunque andamos escasos de vida, nos sobra el tiempo a raudales. Además estaría por asegurar que la voz, femenina por supuesto era argentina, y esa forma de hablar de los habitantes de la tierra donde el tango hace estragos tiene una gran musicalidad.

            Así que me dije, en vez de despachar el asunto de forma desabrida voy a atenderla como se merece y para más inri me venía muy bien, pues yo estaba escribiendo intentando describir las diferencias entre Rublacaba y Rajoy, de manera que un momento de descanso ganado me podía venir como anillo al dedo.

            Así que, tras rogarle que no hablase muy deprisa por mi sordera y por la edad que ostento, ella, Niebla se llamaba, moduló su lenguaje y una música de violines penetró por mi cadena de huesecillos que hicieron su agosto.

            Niebla hablaba dulcemente intentado convencerme de que el posible cambio de compañía me interesaba, cuando lo que era de mi interés era escuchar la modulación de nuestro idioma en sus labios; la sentí bella, insinuante, atractiva, seductora y penetrante. Le pregunté si mi compañía, Movistar, era la antigua Teléfonica, la de la Dictadura y aquella que, cuando los maestros no teníamos teléfonos, teníamos que ir a la centralita del pueblo con un aviso de conferencia. “Sí”, confirmó Niebla, y a continuación le narré que hacía años, algo así como medio siglo, yo supe del nacimiento de mi hija por uno de esos avisos y que tal vez, debido a ello, tenía un cierto apego al pasado, no a Franco, y me daba un no sé qué tirarlo todo por la borda.

            Ella, Niebla, quiero creer, quedó gratamente sorprendida de la historia y dio por finalizado su intento de convencerme: “Gracias, señor, me ha conmovido usted”; dimos por finalizado el diálogo.

            Transcurridas seis horas, su saltarina voz volvió a llamarme para que le contase historias de aquellos tiempos; muy de tarde en tarde, Niebla, se pone en contacto conmigo y hablamos, no de cambios de compañías digitales, sino de la vida; y lo pasamos bien.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Fue un prodigio de marzo





Fue un prodigio de marzo.
En tarde inacabada de pulsiones
te vi diosa de duna con tu cetro en las manos.

Eras airoso junco.
Insinuabas llamarme con tu silbo,
anduve las arenas con mi cuerpo desnudo.

Destilabas aromas
de tomillo y retama de marismas,
de brisas aliviadas por apacibles olas.

Mirabas a Selene
que bella cabalgaba tras Mercurio,
apagado cristal tras tu esmalte verde.

Sometiste los mares.
Adentraba tus pechos en el cielo
y sobre tu arco de iris creado, caminaste.

(De “Sílabas de marzo”, de José García Pérez)




Puertas, goznes, candados y cerrojos




   Hay fronteras enormes y fronteras enormemente pequeñas.
  Las primeras, consensuadas por los hombres del poder, seccionan al mundo en porciones (naciones), facilitan la separación universal, ayudan a fomentar el racismo y consiguen la creación de diferentes sociedades.
  Las fronteras “enormemente pequeñas”, creadas por los hombres, persiguen el aislamiento, consolidad el derecho de propiedad e impiden el deber de acogimiento. Me ocupan las primeras; me preocupan las segundas. Siempre, siempre hay una puerta. Nadie entra. Nadie sale.

  A ideales y sentimientos se superponen siempre, constantemente, puertas.
 No existen lugares de encuentros en libertad. Intermitentemente es necesario abrir o cerrar una puerta, echar un candado, construir una valla. Todo es puerta y cárcel. Nada es libertad.

  Se cierran mis labios al no dar el grito que nace en mi ser; mis labios son puertas. El “religioso” pide que se abran las “puertas” del alma; en su estructura sectaria concibe un “espíritu” cerrado, incapaz de percibir la maravilla que dimana de la vida. Hay sacerdotes que hablan sobre las “puertas” del cielo. En su mente de custodia construyen un paraíso de cierres y argollas, en el que sólo tienen cabida los encarrilados a través de normas.

  El hombre es un gran creador de puertas, rejas, cerrojos, goznes y candados. De tarde en tarde se rompe alguna puerta, y un soplo de esperanza y libertad parece penetrar la niebla de quienes seguimos encerrados.
  Algún día seré arrasador de puertas.

(De “Meditando en pecado”, de José García Pérez)

miércoles, 18 de septiembre de 2013

El señor Pérez



           Lo del Congreso de los Diputados, de usted para mí y algunos más cachondos, se está poniendo tela de pesado, miren si no: el PSOE no para de dar leñazos al PP con el caso Bárcenas, el PP al  PSOE con los EREs andaluces, Rajoy a Rubalcaba por su indefinición respecto a la posible independencia de Cataluña, Rubalcaba a Rajoy con el tema de Correa y su amigo el “bigotes”, Soraya a Soraya y viceversa con el aleteo de la moción de censura y así un día y otro, y uno parece no tener más remedio que escribir sobre estos temas una y otra vez para morbo de ustedes l@s indignad@s.

            Durante un tiempo, no ha mucho de ello, a sus señorías les dio por la famosa prima de riesgo, y ella, la maldita prima, se convirtió en el arma arrojadiza preferida para darle en el coco a Zapatero, y hace un año a don Mariano; ahora que parece que la prima va descendiendo todo el mundo hace mutis por el foro.

            Ha tenido que venir la populista y popular malagueña Celia Villalobos para echar una guinda al pavo y entretener algo al personal. Conocí, y por tanto conozco, a Celia en sus tiempos de primera dama de Málaga, la ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia, y tuve con ella muy buenas relaciones pues era un manantío constante de noticias; en mis copos era conocida como “la dama roja del PP”, o sea, alguien diferente al resto de sus compañeros y compañeras; la última entrevista periodística, antes de irse como ministra de Sanidad y darnos algunos consejos sobre el espinazo, se la hice en su despacho de la conocida “Casona del Parque” (Ayuntamiento) y a calzón quitado, o sea, apagado el aparato, tuvimos una conversación que no puedo narrar, pero que fue desternillante. Ella, tras dejarse magrear por el pueblo que gusta, me refiero al pueblo, poder palpar al poder arrebató Málaga a la izquierda y desde aquel año de 1995 el PSOE  casi ha desaparecido del mapa municipal.

            Pues bien, Celia Villalobos no ha tenido otra ocurrencia, ejerciendo de presidenta del Congreso que dirigirse a don Alfredo P. Rubalcaba en los siguientes términos: “señor Pérez, ¿ha pedido usted la palabra?”, y Rubalcaba se ha sentido ofendido, vamos que no le ha agradado nada que lo llamen por su primer apellido, vulgar por lo que se ve y que un servidor de ustedes padece en sus dos, a saber García y Pérez, para qué hablar del nombre propio, Pepe.

            Me salva que, compruébelo, si pincho en Google: José García Pérez, el primero que aparece es el menda entre más de dos millones de entrada; y que conste que no estoy enchufado.

Y tú, frágil






La mar endiosada en su belleza.
Y tú, frágil,
como niña ensimismada:
deseosa.
Fertilidad de olas con suspiros
de rojas gaviotas.
Besa la tarde.

(De “Sílabas de marzo” de José García Pérez)

Paradoja




  Anoche viajé al santuario de los muertos. Estuve allí, pero no estaba porque yo estoy vivo a la vida.

  Murió un conocido. Voló su cuerpo al asfalto y su vida (?) fue partida en dos. Otros dicen que fue un suicidio.

  Estaban otros conocidos en el “camposanto”. Hablaban de todo: presupuestos, ascensores, caminos, costas, y otras veces, las menos, del conocido yacente.

  De tarde en tarde intentaban dar razones a la sinrazón de acabar con un latido de vida.

  Estaba ausente. Observaba a los vivos-muertos; a la “vida” que habla de presupuestos, ascensores, caminos, costas, y otras veces, las menos, del conocido a quien todos desconocían.

  Nadie hablaba del amor. Era momentos de cadáveres. Yo, seguía viviendo en amor.

(De “Meditando en pecado” de José García Pérez)

martes, 17 de septiembre de 2013

Por levante de nácar aparece





Por levante de nácar aparece.
Adelanta a su paso a los silbidos.
Es como el sol que reflejara luces
entre sus cuatro aspas color platino.

Las espumas cabalgan en sus cascos.
Las arenas se agrietan del galope.
La brisa esparce por la blanca orilla
su encaje de los juncos de la noche.

La playa se conmueve en su presencia.
Las gaviotas coronan su blancura.
Una estela de crines se levanta.
La vida se dilata allá en las dunas.

Paseé con la blanca yegua al aire,
galopamos marismas de “te quiero”.
Fundimos nuestros cuerpos con sonrojo
y envidiaron los astros nuestro fuego.

(De “Sílabas de marzo” de José García Pérez)

¿Miedo?




   Me dicen que tengo miedo; ignoro qué quieren decir: ¿miedo de qué?, ¿miedo a quién? o ¿es que tengo miedo al miedo?.

   No temo al abismo que interrumpe esta forma de muerte que es la vida. Sí temo al precipicio que corta en su profundidad las ansias de alzar las alas que buscan.

   Tengo miedo a la nada, o sea, al cero cuantitativo que no expresa cantidad alguna; nada es algo más que negación.

   Tengo miedo a mis pensamientos, pero no temo a mis sensaciones: ellas me llevan a clamorosos recitales que engrandecen mi espíritu.

   Temo que tú no seas lo que me he forjado a golpe de ilusión: el ideal capaz de deslizar esta vida-muerte por el trineo misterioso de la felicidad.

   No tengo miedo al miedo, éste es el instrumento inventado por la sociedad para que hombres y mujeres vivan iguales en su mediocridad.

   Siento miedo de mí mismo. Me siento, en parte, feliz de tener miedo. Soy humano.

(De “Meditando en pecado” de José García Pérez)

lunes, 16 de septiembre de 2013

"La habitación" de Antonio Hernández



        Con mis cuatro trozos de depresión urbana, algo de calderilla y un hermoso libro de Antonio Hernández, “Habitación en Arcos,  marché a refugiarme en los Montes de Málaga en la venta de una buena amiga, Raquel, con el fin de hacer una cura de tantos ángulos rectos, vértices con puntos de neón, grúas asesinas y lenguas de acerada calumnia.

            Me introduje por los parajes de Comares y arrastré mis años por un sendero que me llevó de bruces a la contemplación de una cigüeña en permanente vigilia de sus polluelos, algo parecido a aquella santa madre que, tras los visillos de la humilde ventana, seguía los pasos de sus hijos hasta que desaparecían por el recodo de la última esquina.

            Comprendí que no existe pasaje exterior sin la vivencia del laberinto interno de cada uno de nosotros; aunque bello el horizonte, lo vi sin alma y alumbré lo que tenía de desierto con la sombra del perenne recuerdo. Sombra y luz arbitraron una pizca de vida, y creo que hasta la cigüeña conjugó una nueva caricia a sus polluelos.

            Un cigarrillo y una mirada al azar a “Habitación en Arcos” me llevaron a una nueva meditación. Leí: “Yo te he visto crecer, ciudad, dentro de mí./ Crecer todos los días desde el alba naciendo,/ a esa hora que es fuente en el espacio,/ cuando el cielo en su urdimbre/ de candela que puja entre las sombras/ parece clamar algo con respecto al secreto…”. Volví a mirar a los lejos y me vi capitán de un barco con un almendro como mástil; besé el libro y adoré su magia.

            Sólo crece lo que se alimenta. La imaginación en poesía está en peligro. Una locura de falso realismo social recorre y cercena el estado de gracia de la concepción poética. Sentí un pellizco, un tirón a soñar, a crear… y escribí estas líneas.

            Arrastra “el copo” en sus artes variados pececillos. Hoy he intentado arrastrar unas líneas de poesía; esta sociedad necesita de ella, necesita un algo de conversión, o sea, pasar de ser piedra a ser carne.

            En esa posible transmutación, la poesía tiene algo que decir. “La habitación” de Antonio Hernández me ha ayudado a ello, perdonen, pues, si hoy he dejado de escribir de antipoesía, ya saben, de política.

Lanzas flechas de sol



Lanzas flechas de sol, arquera deslumbrante.
Tensas el arco de mis locas ansias.
No te ciega mi blanco sol de marzo.
Osada lumbre,
tus ojos son los dardos que taladran mis sienes,
¡cómo zumba tu nombre cuando cierro los míos!,
qué paz cuando desato mi grito sin rubores
por las dunas de reinos de silencios.
No me punces el alma de la duda,
no taladres mi vida que no soporto más.
Deja ya de incendiarme en este tiempo
de sosiego buscado.

(De “Sílabas de marzo” de JGP)

Las transferencias




       Ayer mantuve una entrevista con el Sub-delegado del Gobierno de Málaga. Afirmó, durante el desarrollo de la reunión, que él tenía convicciones personales tan arraigadas como las nuestras, o sea, como una Asociación que tiene por nombre: “Marginados, Constitución y Cristianos”.
      A “bote pronto” me parece una buena persona. Sus competencias, decía, estaban transferidas al Gobierno Autónomo, y poco podía hacer ante el listado de reivindicación que le mostramos.

         Yo, como el Sub-delegado, tengo mis competencias transferidas. Hice, hace años, una transferencia de mi vida: día a día, situación a situación, minuto a minuto todo se ha ido transfiriendo.
Mecido en el barco de la comodidad, el río hizo el resto. Nadie tiene lo transferido; se lo tragó la propia vida.
       Ahora deseo recuperarlo; deseo mis competencias para construir de nuevo mi vida. ¿Dónde están? ¿Quién las tiene? ¿Dónde está mi libertad? ¿Y la intimidad? ¿Y la soledad?

(De “Meditando en pecado”, de JGP)


domingo, 15 de septiembre de 2013

La epístola de Rajoy


        De entre todos los registros para que dos personas se comuniquen, a excepción del beso de septiembre entre dos amantes, no existe ninguno como la epístola, la carta; lo digo porque si el beso queda, a modo de tatuaje, incrustado para siempre en el reino de lo sensual, la carta permanece por los siglos de los siglos.

            En esta relación epistolar que mantienen Rajoy y Mas, en la que ignoro si está escrita a mano, si el envío es por Correos o valija diplomática -no quiero pensar que sea mediante Internet por aquello del desmantelamiento del disco duro- o si es certificada, está en juego el futuro de la nación española.

            Toda la ciudadanía ya sabe del contenido de la que ha enviado don Mariano, lo que no quiere decir que se haya entendido en su totalidad, pero sí es cierto que los distintos colectivos políticos ya están opinando sobre ella, y no digamos los “plumitas” entre los cuales me encuentro en estos momentos.

            El gallego presidente -no confundir con el presidente gallego- tiene la virtud a la hora de escribir, también a la de hablar, de dejar a todos y todas con tres palmos de narices y medio atontad@s; eso también es un arte que encierra una cierta dificultad.

            Quiero creer, tras leerla en cantidad cabalística, que lo que viene a decir es que hay que seguir ahondando en el debate soberanista, pero que la ley está dictada para cumplirla, o sea, que de independencia nada de nada a pesar de las cadenas humanas.

            Ya han saltado al ruedo de la interpretación y a la búsqueda del voto los primos hermanos Rubalcaba y Cayo Lara para pedir al escribiente de turno que es lo que hay que hacer, o sea, cambiar la Constitución para que vayamos a una especie de Estado Federal o a lo que sea; olvidan tod@s que la Carta Magna, aunque gestada en el Congreso fue parida por el pueblo español en las urnas, o sea.

            Pues claro que existe el problema catalán, y a poco que nos zumben algo reivindicativo al oído, pongamos de los andaluces, hacemos otra cadena humana de este a oeste en todo el litoral andaluz.

            Lo suyo, quiero decir lo serio, es que cuando toque o cuando deseen sus señorías se convoquen elecciones y en los programas respectivos se explicite claramente qué es lo que hay que cambiar de la Constitución, que el pueblo hable a través de las urnas y punto; después, si intentan tocar lo de la unidad de España tendrá que volver otra vez a la ciudadanía en referéndum nacional. Esas, y no otras, son las reglas de juego que nos dimos.


Escarchado mi aliento



SÍLABA  V

Escarchado mi aliento, se queda como vaho.
Es madrugada verde con  crujidos de tu alma.
La palabra es mesura que resbala en la rosa,
eres tú la palabra convertida en escarcha.

Difumina la aurora granizos de tu nombre
que mueren siseando las arenas que surcan.
Despierto del letargo de mi larga vigilia
y aromas de tu cuerpo mis sentidos inundan.

Borracho de tu aroma, pronuncio la palabra:
“te quiero porque sí”. El poniente se lleva
tu perfume de rosa con tu nombre cubierto
por sílabas de silbos que ciñen tu silueta.

Beso la roja arena que destella tu vuelo.
En la tarde te sigo camino de poniente
hacia el ocaso tuyo de soles que se esconden.
Voy tras una paloma que lleva un tallo verde.

“De “Sílabas de marzo” de José García Pérez)

La pluma



De entre varias, he tomado una pluma, la mejor de ellas: está por estrenar.

Otras ya han hablado; ésta está por estrenar. Mi pluma será vehículo de intimidades, pensamientos, sentimientos, de verdades por estrenar.

Van dirigidas a los otros, a los que están fuera, a los que esperan y a los que perdieron la esperanza de esperar.

Hay plumas que han firmado sentencias de muerte y de indulto, plumas portadoras de odio y amor, de tragedia y esperanza. Mi pluma, le mejor de ellas, la que está por estrenar, desea vaciar mi yo.

No sé, pero cuando hablo no me escuchan; cuando vivo, los otros duermen.

Hablan y farfullan, ríen y carcajean. Dinero, negocios, familia, dinero, dinero; de lo “otro”, nadie habla.

Ellos pertenecen a un mundo que no habla de ideales, que cercena a los soñadores, que no permite que las personas hagamos uso del residuo de infancia que tenemos, que prohíbe que seamos como niñ@s; es un mundo que me ahoga.

Por ello me aferro a mi pluma, la mejor de ellas, la que está por estrenar, para desde mi intimidad “hablarle” al mundo y fundirme con ella en él.

He tomado esta pluma, porque las otras ya han sido prostituidas por mí. Ésta es distinta, es virgen, está por estrenar.

(De “Meditando en pecado”, de José García Pérez)

viernes, 13 de septiembre de 2013

Dios no está





Dios no está.

No busques en un laberinto de conceptos sin solución, ni
en la quietud de un bello amanecer, ni en la violenta ruptura
de las inmensas aguas en su encuentro con el acantilado.

No está ni en lo conceptos, ni en el amanecer, ni en la violencia de la ola.

No es un objeto que se encuentra, y se usa, y mañana se
escapa, y de nuevo vuelvo, iluso de mí a la captura de su existencia cosificada.

No está en el mástil airoso del Vaticano,
ni en la palabra de quien dice representarlo.

Dios es, y es el aroma vivo que se desprende del
encuentro de amor entre un hombre y una mujer.

No habita ni en el hombre ni en la mujer.
Es el contacto íntimo que brota del encuentro.

Dios es, y existe en el vivir de los que conscientemente viven en amor.

(De Meditando en pecado, de José García Pérez)

jueves, 12 de septiembre de 2013

El senador Griñán



           A poco, querid@s lector@s, que ustedes sean algo perspicaces, cosa que no dudo un instante, caerán ustedes en la cuenta que el título de este “copo” lleva en su primera palabra un artículo determinado, pues el senador en cuestión no es cualquier persona, sino EL senador Griñán.

            No es que el menda, me refiero a un servidor de ustedes y de mi familia, se sienta defraudado ya que en política todo es posible, tan posible es todo que hasta lo imposible, o sea, la corrupción se vea como algo normal y, por tanto, posible.

            Bien, ya tenemos al señor Griñán, presidente nacional del PSOE  y secretario general de los socialistas andaluces, como Senador del Reino de España para vergüenza de él y de los parlamentarios del PSOE-A y de IU de Andalucía, ay de IU que pone en práctica aquello que alguien decía de poner una vela a Dios y otra  al Demonio, que han prestado su voto para que el ex presidente de la Junta huya hacia el Senado, primoroso fortín para la justicia ordinaria y camino de rosas para la extraordinaria, léase Tribunal Superior de Justicia.

            Hace algún tiempo, no mucho, no dudaba de la honorabilidad del ex presidente de la Junta, pero ahora, para qué mentir, le coloco un gran garabato de interrogante, pues si como él asegura y da fe nada tiene que ver con la pocilga de los EREs fraudulentos, por qué su gran escapada de la justicia ordinaria para refugiarse en la extra, esa que en multitud de ocasiones sobresee los casos y los finiquita casi con un aplauso.

            Pero ocurre, señor Griñán, que pase lo que pase, fíjese bien, aunque no pasara nada todo hace barruntar, a poco que uno sea un insensible y ciego sectario, que usted ha emprendido un viaje a la contra de lo que siempre ha anunciado: que todos somos iguales ante la ley.

            Ignoro, tampoco tengo mucho interés en saberlo, si la presidenta Susana, oh Susana, dará un giro a la incoherencia de buena parte del socialismo andaluz, pero mucho me temo que no será así por ser la ahijada política del escapado.