miércoles, 11 de diciembre de 2013

Y con música


          Por esta tierra andaluza de María Santísima y de UGT van a pasar a la historia aquellas carrerillas menudas, agitadas y nerviosas de ciertos ciudadanos que, acuciados por el retortijón, acudía a la primera cafetería  y preguntaba al barman: ¿el servicio, por favor?; a continuación, ya saben, la entrega de llave con el taco de madera incorporado, la rápida entrada en el excusado, la limpieza de la taza y su recubrimiento con papel higiénico, la búsqueda del interruptor y el pellizco en el estómago.

            Y es que por distintas avenidas de esta urbe se van a colocar un par de docenas de quioscos de necesidad de superlujo y con hilo musical incorporado, en los que por una módica cantidad de calderilla podremos disfrutar de la teoría de Freud sobre la asociación entre funciones corporales, relación interpersonal y sexualidad, y en la que en la zona erógena predominante es el ano, en  relación, entiéndase bien, con las funciones de excreción.

            Y todo ello al ritmo de bolero; personalmente prefiero aquel de Lucho Gatica: “Reloj, detén tu camino”, por aquello de que el plazo máximo de estancia en el quiosco es de diez minutos, tiempo suficiente según la Organización Mundial de la Salud para hacerlo en condiciones, pero no el óptimo para los que necesitan de una cierta concentración mental, es mi caso.

Este feliz acontecimiento de la instalación de lujosos cagódromos y meódromos puede ayudar a una posible recuperación comercial de las zonas donde se coloquen, pues no me extrañaría que en los primeros meses se diera una fuerte tendencia emigratoria desde la periferia al Centro a fin de “largar” en las misteriosas tazas musicales, donde el previsible “cloc” pueda quedar amortiguado por una melodía.

Existe un problema a combatir: el de los “okupas”. Pues sin ir más lejos, algunos de ellos ya se han hecho de los recintos donde están instalados los cajeros automáticos diseminados por nuestras calles, ya que parece tener más morbo el fumarse los canutos en los estercoleros de las tarjetas de crédito que en los jardines de Picasso, porgamos por ejemplo.

Nuestra sincera gratitud, sin que huela a pelotilleo, a todas nuestras autoridades sean de izquierdas o derechas, pues en esto del buen cagar, con perdón, no caben exclusiones.


No hay comentarios:

Publicar un comentario