viernes, 27 de diciembre de 2013

Uno mismo


        Ya se sabe lo de la botella medio llena o medio vacía según quien la observe, ya saben, optimista o pesimista. A un poco más de la mitad de la legislatura de Mariano Rajoy le ocurre exactamente igual, pero con matices, a saber: aprobado por los pelos o calabazas al máximo exponente.

            No sé ustedes, y siendo sincero tampoco me importa en demasía, pero un servidor dice y escribe lo que le da la real gana; quiero decir que en este aspecto soy y, muy especialmente, me siento libre y ello es de agradecer; pero a quién agradecerlo: ¿al director de estos papeles? ¿a las autoridades autonómicas? ¿a las estatales? ¿al régimen de libertades que nos dimos a la muerte del dictador Franco?... y yo que sé; pues eso es lo que quiero decir en el día de hoy: lo digo y lo confirmo con mi experiencia: los populares de don Mariano no han ninguneado mi libertad, de manera que toda tarascada al respecto es una suculenta tarascada de idiotez.

            Dicho lo esencial, o sea, la permanencia de la libertad, el resto es discutible. La jodida crisis económica y la tormenta de la palabra recorte, el coste de una gobernabilidad en permanente pacto con los nacionalismos, la promesa de fácil pronunciamiento y la realidad de su difuminación, el temor a una España demasiado “españolista” y el perfil de una pluralidad multicolor, el instalamiento en el protagonismo de los de siempre y el relevo de una juventud que intenta empujar son las constantes eternas.

            Charles Maurice de Talleyrand, estadista francés, dijo: “la oposición es el arte de estar en contra, tan hábilmente, que, luego, se pueda estar a favor”. Observen si no: hoy en contra del medicamentazo, ayer a favor, mañana también; hoy, en contra de la congelación de las pensiones, ayer a favor, mañana también; hoy en contra del pacto con los nacionalismos, ayer a favor, mañana también; hoy denuncian las promesas incumplidas, ayer las predicaban, mañana también; hoy poder, mañana oposición, ayer poder u oposición, siempre igual.

            En el fondo creo que no existe mejor barómetro que uno mismo. El resto ya se sabe; palabras, promesas y alguna pequeña realidad: la más importante la que nos dimos todos hace treinta y cinco años: lo dicho: la libertad, la que hace que dentro de poco podamos volver a votar, aunque quizá para evitar depresiones habría que hacerlo como decía Ramsay: “vota al hombre o mujer que promete menos. Será el que menos te decepcione”, pero ¿dónde está que no lo veo?

            Mientras tanto: lo busco.


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