lunes, 9 de diciembre de 2013

Sevillista hasta la muerte



           Soy, sin duda alguna, un tipo extraño; un día Antonio Hernández, joya de la corona poética de Andalucía, publicó en El Mundo una columna sobre mi librito 18 horas con Tejero, y encabezaba la misma con las siguientes palabras: “José García Pérez, malagueño nacido en Melilla…”; me agradó tanto lo que escribió el último Premio de las Letras Andaluza “Elio Antonio de Nebrija” que lo incorporé a mi biografía.

            Y es que terminado Magisterio, y tras seis años en Dos Hermanas (Sevilla), me asenté y elegí Málaga para vivir y morir, y en ello sigo; de manera que sin abjurar de mi tierra natal me siento más malagueño que melillense pues son muchos los años que llevo sufriendo y amando en esta esquina de España.

            Durante los años que pasé en Melilla era, como casi toda la chavalería melillense de Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza, o sea: del Atletic de Bilbao; pero los años que pasé en Dos Hermanas me marcaron futbolísticamente. Un servidor, como cualquier maestro de escuela de la época, pasaba algo de hambre; lo que son las cosas, ganaba al mes menos de cinco euros que traducidos en pesetas conformaban la ridícula cantidad de setecientas y pico de las antiguas rubias. Desayunar, comer y cenar en casa de Matilde, la portera del Colegio, me costaba cinco duros diarios, o sea, que iniciaba el mes con pérdida, y eso que dormía en un camastro que se encontraba almacenado en el Grupo Escolar; pero en fin, daba unas clases particulares que me ayudaban a ir tirando y comprar ideales, tabaco me refiero.

            Nunca había visto fútbol de 1ª División, pero la fortuna se hizo mi compañera porque en el Sevilla CF jugaban tres melillenses cuyos nombres eran Pepillo (vecino mío en Melilla), Payá (primo hermano de mi esposa) y Ramoní, los cuales me colaban de gorra a través de la llamada y sagrada “puerta de oficio” al antiguo Nervión, y por eso soy sevillista; me salvó que el trío en cuestión no jugaban en el Betis, por lo que no soy ahijado de don Manué.

            Un servidor ha visto jugar a Campanal, Romero, Valero, Ruiz Sosa, Achúcarro, Juanito Arza etc., he disfrutado como un cosaco viendo al Sevilla campeón de la Supercopa de Europa con un 3-0 que le endiñamos al Barça y he sufrido con el Sevilla de mi arma  en 2ª División, costumbre bética que puede repetir este año la beticada.

            Ser sevillista en Málaga encierra cierta dificultad, es por ello que he recibido hoy, por culpa del señor Del Nido, cientos de “emilios” carcajeándose de mí y yo, con ellos, porque el fútbol es una fiesta, un jolgorio y, como buen sevillista, bajaré al Gran Vía a dar la cara.

            Pero que nadie se equivoque, un servidor seguirá siendo sevillista hasta la muerte.



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