sábado, 7 de diciembre de 2013

¿Seré yo chino?



         Con esto del pasado “Día de la Constitución” tienen lugar una serie de actos más o menos importantes y protocolarios para, en la mayoría de los casos, enaltecer la efeméride; también es cierto que incrustado dicho día pegadito al de la Inmaculada, con un sábado por medio, y con el traslado de la festividad de la Señora sin mancha al lunes se establece un viaducto de cuatro a cincos días en que se suman a los cinco millones de parados otra buena millonada en la construcción de un puente que se convierte en viaducto; por ello, la “cosa” queda un tanto deslucida.

            En Madrid tuvo lugar la recepción que el Presidente del Congreso ofrece a la dignas autoridades del Estado; este año, como en anteriores, las minorías nacionalistas, las más beneficiadas por la construcción del Estado de las Autonomías, le pegan una larga cambiada al acto y no aparecen por él, pero este año el personal de Izquierda Unida, en uso de que cada uno hace lo que le la gana, ha aparecido por los alrededores donde se congregaban los periodistas para decirles que ellos no iban porque no creen en la actual Constitución, con lo cual se suman a todos l@s cabreado@s con la misma, bien porque no quieren tantas autonomías, bien porque quieren más autonomía, bien por una posible reforma electoral, bien porque aducen que no la votaron o por lo que sea, porque tod@s unos y otros, incluidas ellas, tienen una pequeña parte de razón que sumadas todas puede dar lugar a un desaguisado de enormes proporciones.

            Todavía recuerdo como si fuese ayer la visión de un joven sentado en calle Cuna (Sevilla) con un cartel en el que se leía el artº 35 de la Constitución, el que afirma: “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo…”, y finalizaba con un ocurrente interrogante: “¿seré yo chino?”.

            Y es que la Constitución es una utopía, o si lo desean una Ley en tensión para conseguir hechos reales, pero que por sí sola no los puede conseguir sino que son los políticos los que deben legislar para que la citada tensión consiga sus efectos; pero la cuerda o si quieren el torniquete que debe tensarla puede romperse e irse todo al traste.

            De manera que me atrevería a decir, con perdón: “piano, piano” o “cuidado, cuidado” si creemos que es la Constitución la panacea que va a solucionar toda la problemática existente.

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