lunes, 16 de diciembre de 2013

Ser "diplomático" en la actualidad



               Más o menos el Gran Judío, Jesús de Nazaret, vino a decir a los suyos que en este mundo tenían que ser “cándidos como palomas y astutos como serpientes”, y los  dejó.

            El otro día una sobrina me preguntaba que, ante las injusticias que se daban en su mundo más próximo -el de usted y el mío- qué se podía hacer; la amé desde la distancia y le respondí: levantarse, o sea, revolucionarse para revolucionar a otros. Medité la respuesta, y retrocedí en mi atrevimiento no sé si por la poca edad que me queda en este mundo o por los consejos de algunos que fueron amigos y me han acusado de no ser “diplomático”; el hecho es que volví a ponerme en contacto con la hija de mi hermana y ya, más suavón, le dije: “tú, tranquila; deja lo que te  he dicho para los más jóvenes”.

            Ese hecho sin importancia que acabo de relatar consiguió que realizara un ejercicio de introspección en el que quise analizar si durante el tiempo que ya he vivido he sido o no “diplomático”, o sea, sagaz o hábil con los poderosos. Y sin más tribunal que el conformado por mí y mis hechos he llegado a la conclusión de que sido cualquier cosa menos diplomático, o sea, que me han zurrado de lo lindo por todas y en todas las partes, incluidas “mis partes”.

            Tal vez este “copo” les interese a ustedes menos que un pimiento, pero la verdad sea dicha, sin ánimo de ofender, me siento feliz y en paz con mi conciencia de haber sido fiel a lo que algunos llaman mi ADN.

            Y claro, si he sido feliz no “casándome” nada más que mi “pastora”, para lo poco que me queda prometo, a mí mismo, seguir siendo y actuando como hasta ahora aunque ya en extrema soledad y, tal vez, escuchando a unos y otra esa horrorosa frase de “no le hagáis caso, es que está chocheando”, palabras que me hacen agarrarme la bartola para no partirme de risa.

            Y es que la revolución, la verdad, porque la revolución es sencillamente la verdad, no entiende de edades sino de actitudes; y aunque ya no se encuentra uno para realizar demasiados actos, sin embargo este acto de escribir, que no requiere de grandes esfuerzos físicos, puede y deber ser la antesala de pronunciar al injusto e hipócrita mundo que nos rodea y desea que seamos “diplomáticos”.

            Vamos, mudos y cobardes ante la injusticia que nos aprisiona. Rectifico sobrina: hay que levantarse.



            

2 comentarios:

  1. Don José, cien por ciento de acuerdo. Ningún pero ni manzana, solo uvas molturadas.
    Una abrazo

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