martes, 17 de diciembre de 2013

Luces y sombras



            Ahora nos llega el ministro Soria y de forma socarrona nos avisa que el recibo de la luz aumentará un 2% a partir de enero; y es que el personal mandamás del PP no tiene corazón y nos quiere amargar las fiestas de Navidad que ya, sin remisión alguna, las tenemos entre nosotros al compás de panderos y zambombas.

            Tal como están las limosnas de las nóminas, cualquier putadilla sobrevenida de riesgo nos lleva, de momento, a recordar a vivos y difuntos de la familia gubernamental; esta es una de ellas. Sin embargo, ocurre que al ser un pueblo cornudo y consentido, el cabreo dura lo mínimo y no ha dios humano que sea capaz de aguarnos el arbolito navideño del que colgamos bombillitas de todos los colores.

            Claro es que teniendo en cuenta que los hay quisquillosos y ramplones que miran por todo y disfrutan comparando los costes de un año y otro, no es de extrañar que al ministro canario se le vayan cayendo cosa tras cosa de las manos de tanto nombrarlo.

            El gran objetivo de este Gobierno, también de otros, es cargarse al gran ejército de los jubilados, auténtico sostén de los extinguidos mileuristas; la técnica usada a poco que ustedes pongan la mollera a pensar salta a la vista del menos avispado.

            Veamos, primero viene el dios del viento, nuestro querido Zapatero, y congela la paga de los pensionistas o jugadores de dominó; más tarde el rácano de Rajoy nos libera de morir helados y nos coloca en la nevera pero muy cerca del congelador y, de forma perversa, nos va castigando con la subida de impuestos directos, indirectos y circunstanciales y sin caer en la cuenta, y otros dando gracias al supremo ser de las arqueadas cejas, nuestros pequeños ingresos cada día mes sufren una merma que repercute en nuestros hijos y nietos que son los que lo sienten, porque nosotros con una pobretona, pero riquísima sopa de ajos tenemos suficiente.

            Vienen a por nosotros, no lo olviden, queridos colegas jubilados, pero tenemos que aguantar hasta el límite: apaguemos luces, televisores sectarios, volvamos a la hornilla, saquemos las bufandas, encasquetémonos bien nuestras gorras, bebamos coñac, usemos linternas, hagamos el sexo a oscuras y a tientas (por si las moscas), frotemos nuestras manos o usemos guantes, cubramos nuestras camas con más ropa, hagamos frente a nuestro exterminio porque, no lo olviden, el papeo de nuestras familias depende de nosotros, tan sólo de nosotros.


            

2 comentarios:

  1. Don Jose, yo le contesto: luces, sombras y comida envenenada. Para mi padre, que ya lleva años en el otro mundo, me contaba algo que se parecía a lo del envenenamiento por hambre de la familia de Alcalá. “Niño, al aperaor del cortijo le llaman el apagaluces, y sabes por qué, pues porque le echa petróleo al aceite de los candiles, para que no se lo coman los jornaleros”. Hoy como ayer, vuelve y vuelve la mala vida de los de siempre. No me apetece alargar más el libelo.

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