viernes, 20 de diciembre de 2013

La tropa



              Una cosa es la tropa, y otra muy diferente las tropas. La primera es un batiburrillo de personas de distinto calibre que persiguen una finalidad; en realidad no les une nada, sino una serie de intereses  distintos que, mañana sin ir más lejos, pueden considerarse antagónicos.

            Las tropas, por el contrario, son un grupo de personas obedientes que, sin beberla ni comerla, obedecen al superior inmediato; digamos que pueden conformar lo que se conoce por Ejército o Fuerzas de Seguridad.

            Ayer, estas últimas, las tropas, han obedecido a su superior y, sean ellas de izquierdas o derechas, han cumplido los objetivos para las que han sido requeridas; a unas, valga el ejemplo, les han encomendado marchar sobre la sede del PP y, sin más, o sea, diciendo a sus órdenes, han ocupado durante una noche entera las entretelas del ejército de Rajoy para intentar descubrir sus vergüenzas. Y por ahí andan las cosas. A otras, les han mandado registrar despachos, se supone que de izquierdas, y ellas, las tropas, han registrado los vericuetos de la UGT de Córdoba en busca de posibles mariscadas digeridas con dinero público.

            Las tropas han obedecido fielmente y ha cumplido los objetivos encomendados por la superioridad. Después está la tropa, la tropa a secas, a saber los políticos del PP gaditano que han desayunado en la paz del Señor con papillas del Banco de Alimentos habilitado para personas que lo pasan canutas; pues bien, cogidos in fraganti, los ricos peperos afinan que ha sido un error de los que ellos no tienen culpa y prometen, y yo me los creo, pues si no sería para escopetearlos, que van a dar caritativamente cien kilogramos de alimentos a necesitados.

            Oh la tropa, a la tropa la conozco a la primera de cambio; la llamada tropa, omito nombres para que no se molesten, es la que ha obedecido al Consejero de Cultura de la Junta de Andalucía, Luciano Alonso, para que mi cabeza, quiero decir la Presidencia de la Asociación Colegial de Escritores de Andalucía, le sea entregada en bandeja de plata porque critico al personal de los EREs. Y es cierto que los critico, como también lo es que lo hago con la derecha que se zampa los alimentos del Banco de Alimentos y lo que sea.

            Pues bien, la tropa me ha dejado sin cabeza honorífica. Cuánto honor, oh Dios, por ser lo que soy,  a saber: una persona que no se vende por nada ni nadie.

            Bendita mi madre que me parió así: con dignidad.

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