jueves, 12 de diciembre de 2013

El simposio, la repregunta y las bolsitas crujientes


         Ciertamente que las mujeres son más inteligentes que los hombres; lo digo porque hablando esta mañana con una buena amiga sobre mi preocupación por escribir algo que sepa a columna, al “copo” me refiero, me comentó que esperara a que “el copo” viniese a mí, y no al contrario.

            Dicho y hecho, con una mañana agradable como pocas de este diciembre que se encamina a la matalahúva a pasos agigantados, salí a comprobar si mi cuerpo aguantaba a mis pies, y viceversa. Y así, llegué algo cansado a la Plaza del Teatro Cervantes, lugar donde me dije: fin de la caminata y a reponer las calorías perdidas. Pudo ser en otro sitio, pero me aventuré, tras despojarme de la chamarreta, a acomodarme en un restaurante de nombre “Vino mío Cervantes”.

            Pedí de primero unas bolsitas crujientes rellenas de gambas y verduras, acompañadas con mermelada de tomate y orégano que, por cierto, estaban sabrosísimas por lo que las recomiendo a toda persona de buena voluntad; a la espera del segundo milagro estuve hablando con mi buen amigo el galaxy III para comprobar qué pasaba por el mundo, y fue en ese intervalo de tiempo donde quedé enterado de que por tierras del Barça ya se había acordado la famosa pregunta que la Generalitat hará a los ciudadanos que viven en Cataluña, ya saben: ¿Desea que Cataluña sea un Estado?, para a continuación, si es positiva la respuesta, repreguntar: ¿Independiente?.

            Todo ello ocurría con la apertura del “Simposio” sobre Cataluña, una especie de memoria prehistórica que pretende analizar las putadas que desde los tiempos de Isabel y Fernando hasta llegar a Mariano, España le ha hecho al condado catalán perteneciente al reino de Aragón; pero he aquí, que en la trifulca intelectual para ir construyendo mi “copo” de cada día, apareció Susan con un filete tierno de bacalao gratinado al horno, servido con pimientos del piquillo rellenos de espárragos y crema de queso, patatas y salsa de cava y cebollino.

            En ese instante comprendí perfectamente el consejo de la amiga, cuyo nombre silencio, y me dije: el “copo” ha llegado, disfrutemos de él. Y eso hice y eso escribo; ya mañana, ahondaremos en el tema. Por ahora, un sencillo consejo: si vienen por Málaga no dejen de visitar el restaurante “Vino mío Cervantes”, pues es un estado perfecto para sentirse independiente.

2 comentarios:

  1. Don José, está bien que ande, ya se lo recomendé, pero andar Mármoles, Puente La Aurora, Carretería, Álamos, Cárcel, y desembocar en la plaza del Teatro; o lo que es lo mismo, en “Vino mío, Cervantes”. Ni es carrera de más de Km. y medio, ni distancia para avituallamiento. ¿No sería por los efluvios del “Vino mío”? que no lo menciona.
    Saludos

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  2. La verdad es que eso para un servidor es como 10 kms. por aquello de que padezco una cosa rara que llaman "ataxia de Charcot": falta de mielina que cada día, por aquello de que es degenerativa, va a más. O sea: merezco una corona de laurel o una medalla olímpica al menos de bronce.
    Abrazos, D. Antonio, perfecto cooocedor de Málaga, aunque el recorrido ha sido otro. Abrazos.

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