domingo, 8 de diciembre de 2013

Cursos de formación



              Destinado el que estas líneas escribe al encuentro de lo ignoto, que dijera Verlaine, en un plazo no superior a un quinquenio, yendo las cosas muy requetebién,  y no teniendo más patrón al que obedecer o temer, gozo de la inmensa alegría de poder decir lo que desee siempre que no ofenda a nadie, a no ser que alguien se dé por aludido o aludida.

            Con la premisa anterior, puedo decir y digo que si algo bueno ha realizado el gobierno del señor Rajoy ha sido reducir en más de un 30% las subvenciones que para cursos de formación reciben sindicatos y patronal, gran negocio de dichas instituciones que sirven para bien poco, por no asegurar que para nada a excepción de la poca pasta que se lleva los cursillistas, no confundir con los de cristiandad.

            Desde siempre, que un servidor recuerde, se ha dicho que la Formación Profesional es la gran cenicienta del sistema educativo, y lo es porque en realidad ha sido sustituida por CEOE, UGT y CCOO que son las que se llevan el pastel de los euros contantes y sonantes.

            El gobierno actual, criticado al máximo y seguro que con razón, ha puesto la lupa de la investigación en las organizaciones empresariales que reciben ese montón de bolsas -no sobres- de euros para preparar a los parados en la búsqueda de trabajo o la creación de la figura del emprendedor; y fíjense que he dicho “organizaciones empresariales” porque el mundo sindical se está convirtiendo en una gran empresa, en la que UGT, que sepamos de forma presunta, gestiona ochenta y una empresas y dos fundaciones con un total de 1.600 trabajadores a los que aplica la denostada Reforma Laboral.

            Habría que preguntar qué criterios se aplican a la hora de contratar y/o elegir a los monitores encargados de impartir los cursos, qué numero mínimo de alumnos es necesario para consolidar un grupo de formación y cuántas empresas giran hoy alrededor de esa panacea llamada “cursos de formación”.

            Sería conveniente que el gobierno, los gobiernos, los expertos, etc., realizaran una especie de informe “Pisa” para evaluar los progresos teóricos y prácticos de los alumnos que reciben los famosos cursos de formación; vamos, que nos íbamos a tronchar de risa que, por cierto, falta nos hace.

                 Perdón por el lapsus, todo el tinglado es con nuestros impuestos.

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