domingo, 15 de diciembre de 2013

Contenedores de muerte


          Tiene un servidor escrito un romance de nombre “Del pobre niño pobre” que se podría definir como el camino que se inicia en el gueto y conduce a la muerte, pues bien en un momento de ese macabro recorrido escribo, refiriéndome a la sociedad de consumo, lo siguiente: “… la de cocas y refrescos,/ la de grandes almacenes,/ la de viejos cartoneros/ besando contenedores/ buscando cartones viejo…”.

            La vida ha cambiado de tal forma que, además de cartones, lo que se busca hoy en contenedores son alimentos para aliviar el maldito baile de las tripas cuando se tiene hambre; como producto de esa búsqueda o de haber ido a unos grandes almacenes para buscar productos caducados o en el límite de la maldita fecha que avisa del mal estado del alimento, tres miembros de una familia sevillana han muerto por ingerir pescado en adobo en malas condiciones.

            Adobar el pescado en buen estado con rociadas de vinagre produce un plato de buen sabor que en esta tierra malagueña es muy típico, pero el vinagre tiene el problema de disimular si el pescado está en malas condiciones, caso de trío mortal que se ha producido en la “ciudad que se basta a sí misma”.

            El mundo gira y gira, la sociedad calla y calla, el paro sigue y sigue y el pueblo, oh el pueblo, aguanta y aguanta lo escrito y lo que está por escribir.

            Nos guste o no, queramos o no, todos somos cómplices de los múltiples asesinatos que se dan en la actualidad; para ello no es necesario apretar el gatillo de un revólver sino que con un simple encogimiento de hombros nos convertimos en asesinos por omisión y, por tanto, en cómplices de los mismos.

            O esto, la sociedad actual, cambia como cuando se da la vuelta a un calcetín, o sea, cuando intentamos cambiar nuestra mentalidad, o alguien intentará por las buenas o las malas, que tal vez resulten ser las buenas, a este conjunto de personas aisladas -salvo contadas excepciones- que malviven a nuestro alrededor.

            Ayer y hoy se hablará y escribirá de las tres personas que han muerto por injerir alimentos en mal estado; cuando la noche nos cubra, discutiremos acaloradamente de fútbol o de  cualquier otra chuminada. Y la sociedad, y nosotros con ella, seguiremos siendo cómplices de asesinatos aunque creamos que no.

www.josegarciaperez.es 

2 comentarios:

  1. Esto se parece como dos gotas de agua a la España de 1935 y a la Europa de 1938, con Alemania en el epicentro del terremoto y los ingleses al margen. Pero los ciudadanos, y los políticos a la cabeza, no lo queremos ver, y hoy como entonces, todos miramos para otro lado. Vd. y yo, nos mojamos las cuatro pestañas que nos quedan solo por el hecho de los cuatro telediarios que también nos quedan. Y esto no tiene ningún valor. Perdone mi dureza, pero no tengo otra forma de expresarlo.

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  2. Pues me parece muy bien expresado, me refiero a su comentario.
    Cordialmente

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