miércoles, 4 de diciembre de 2013

AQUELLAS VERDES ALGAS (Poema completo)



(Poema completo)

Son besos de quietud,
láminas alargadas de mares condensados.
Yacen por las arenas
como gotas de soledad.
Cambiaron sus entrañas de fresas sumergidas
por tapices plegados en ondas soleadas.
Lloran su fénix,
es un verde sendero de lágrimas cambiantes.
Nacen de lo profundo de mi tiempo.
Descansan en mi adentro, me taladran
asesinándome.
Pasto de sus llamadas, vomito convulsiones.
Decaigo sin lamento.
¡Si yo pudiese soñar el sol de la ribera
de aquellas verdes algas!

Sedimento cloacas de temores:
es el alma marchita de pecado.
Me lo decían desde la lejana tarima
y fueron incrustados en mis blancos corales.
Años de dioses y demonios negros.
Negros los dioses, negros los demonios,
el rojo era perverso,
campanada de escándalo el amor.
Yo, quieto y frágil,
mamando el opio de los pueblos
moría a la vida en mi infancia.
Cuánto miedo de su Dios en mi larga agonía,
el frío de mi cuerpo se extiende en su pobreza.
Estremezco en mi lecho.
¡Asesinos de niños,
quebranto de inocencia!
Yo también fui crucificado.


Abrasa un sol radiante,
cual los ojos azules
del niño que sisea calor en los pezones
abiertos de la madre.
Saborea la aldaba de mi vida
preludios de la Voz.
Rezuman aleluyas los cantos de los pájaros,
las arenas tropiezan entre sí,
los gritos de la historia golpean en mis sienes.
Utopía del amor, el universo tiembla,
las estrellas copulan a los mares:
es el Dios nuevo.
Ha sido una ilusión,
como aquella gaviota
que posó el vuelo en mi roja sandalia.
Una nube de sangre centellea en mis ojos:
un instante de Dios.
La lógica oscurece y amanece,
quiero estar loco y cuerdo.
Vuela un ave camino de la noche,
yo despertaré al sol de la mañana.


Han estallado en cien mil pedazos las promesas,
tiemblan las verdes algas su fría soledad.
Vuelve la Nada como reina esbelta,
la Tierra finge su dolor
se vuelve mustia.
La sangre se detiene:
prendo el fuego sagrado y arden los grises días.
Han llegado los tiempos del desorden:
ondean en mástiles cadáveres de niños,
mueren la madres
y de sus vientres cuelgan los hilos del amor.
Se masturban los dioses,
apocalipsis,
la cuna balancea solitaria a la nada.
Vencieron los de siempre.
Un latido de vida sostiene a los vencidos:
por levante navega la esperanza.


Los campos predicaron la noticia.
La buena nueva sorprendió a los hombres:
¡se puede ser feliz!
Bajaron los ancianos a los valles
¿cómo? se preguntaban.
Nos ha nacido un Dios extraño y libre
llama al hombre a ser hombre
y a la mujer, mujer.
No quiere más ni menos.
Los ancianos cogidos de las manos
subieron a los montes
entristecidos:
tarde había llegado la alegría de ser.
Uno de ellos detuvo su camino:
aún es posible,
un nuevo hombre brilló en la vida.

He roto el pacto,
una nueva alborada se aposenta en la Tierra,
ya se alza en plenitud su amanecer,
los cantos de victoria resuenan en los tímpanos,
ya caminan los hombres,
ya siempre serán verdes las algas de los mares.
Esclavos de las normas:
dejad paso a los libres,
caminamos desnudos, nuestro paso es ligero,
somos hijos del Dios que clama por la vida:
gozamos de la fiesta del amor.

(De José García Pérez)





No hay comentarios:

Publicar un comentario