martes, 26 de noviembre de 2013

Ruta poética



            Durante tres días voy a desligarme de estos asuntos triviales que no tienen solución, a saber: política, corrupción y traición. Encamino mis pasos acompañado de la poesía, oh la poesía: “esa bellísima doncella, casta, honesta, discreta, aguda, retirada y que se contiene en los límites de la discreción más alta; es amiga fiel de la soledad; las fuentes la entretienen, los prados la contemplan, los árboles la despojan, las flores la alegran y, finalmente, deleita y enseña a cuantos con ella comunican”, como dijera Miguel de Cervantes.

            Y es que mañana, por hoy, salgo camino de Almúñécar (Granada) para acompañar como acólito al poeta y Premio Nacional de Poesía Antonio Carvajal, ese poeta no perteneciente a grupos y estirpes que hace de la poesía lo que debe ser: música, sinfonía de versos agrupados que, como alegre o triste cascada, se enseñorea de los oídos de los asistentes y penetra sus sentidos con la poca cosa que las cosas son pero que, con su maestría, las convierte en auténtico milagro.

            El jueves día de asueto para saborear Salobreña y degustar algo de marisco, no demasiado, en Motril; y acto seguido rumbo a Roquetas del Mar con dormida en Aguadulce (el nombre lo dice todo). Tal vez, no me atrevo a asegurarlo, visitaré las chinas negras de las playas de Carboneras, el pueblo natal de la señora Antonia, la de los grises ojos, la madre de la que supe aprovechar sus pezones para que en mí quedase incrustado, además de su ADN, ese tatuaje de leche que nadie podrá borrar.

            Y después, por fin, por primera vez en mi vida, tras haber publicado a unos y otros una buena cantidad de libros, el Ayuntamiento de Roquetas del Mar, gracias a la escritora Pilar Quirosa, ha tenido el detalle que nunca olvidaré de publicarme un cuaderno de la colección Aula de Literatura y que lleva por título “Mar adentro”, una pequeña muestra de algunos poemas de mi autoría, y en el que en uno de ellos retrato la entrada majestuosa de mi santa madre en la mar que la envolvió durante toda su vida, mar de mares, sí, y mar de amor, dedicación y de miradas tras los visillos de la ventana para ver la marcha de sus hijos hacia un incierto destino.

            Este “copo” no es política, quiere ser poesía: por favor no dejen de publicarlo.



             

2 comentarios:

  1. Pasa una muy feliz estancia, querido Jose, y enhorabuena por la publicación. Tratar de poesía siempre es mas agradable que de política, sin duda,
    un abrazo, entre carrera y carrera

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  2. Don José, no va Vd. a la guerra de Troya, sino que se aleja de ella, ¿buscando el Parnaso? No lo creo, mejor crear poesía aquí, en la guerra del hambre. De todos modos buen viaje y que las musas que encuentre le restituyan la fuerza para seguir luchando aquí, en la guerra.

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