jueves, 7 de noviembre de 2013

Porque sí



          Siendo todavía un chaval, una chica con la que salía para morrearme -que conste que después me confesaba- me espetó: “Pepe, tú me quieres”. La retiré un poco, la observé, no era guapa o fea, corriente podríamos decir, y le dije: “Pues sí, te quiero”. La fémina, tan curiosilla como todas, volvió a hacerme otra pregunta: “Por qué”. Hay filósofos que afirman que no existe persona que aguante tres preguntas seguidas, pero yo en la segunda quedé bloqueado, y no tuve otra salida que decirle “porque sí”.

            Un día de cualquier año, en una buenísima conversación que tuve con Antonio Gala por el Valle del Guadalhorce, no sé en que momento, afirmó, en una de sus siempre extrañas teorías que tan bien llegan al pueblo sencillo y llano, que el “porque sí” es una de la razones más importantes que existen porque atiende a los impulsos del corazón.

            Pues bien, ayer, recibí la llamada de un buen amigo -me quedan un par de ellos, lo lógico en esto de la amistad- que me invitó a pasar el día con él. “Mira -me comentó- te recojo, nos vamos a Fuengirola, echamos el día, charlamos de nuestras cosas, comemos, bebemos y te vuelvo a dejar en Málaga, ya sabes me dijo con sorna, la ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia”.

            Pues me dije: un día es un día (no todo el mundo entiende esta frase que, a primera vista, da la sensación de corriente, y digo que no se entiende porque significa dejar la seguridad del “siempreigual” para hacer algo diferente). Y me fui con él. Lo pasamos, ya saben, de miedo por no decir de puta madre. Hablamos y hablamos, reímos y reímos, bebimos y bebimos, fumamos y fumamos y, lo que son las cosas, nos conocimos algo más.

            Además dio la casualidad que en Fuengirola, fielato de la pepera Esperanza Oña, se celebraba la “Ruta de la tapa erótica”, a saber: una serie de menudencias comestibles con nombres insinuantes como: “La abuela también tiene ganas”, “Pichoteo”, “Rabito picante”, “Alguien voló sobre el kiki desnudo” o “Mojando el churro”, entre otros muchos.

            Ya de vuelta, en el Gran Vía, con perdón, seguí con la parienta Rosa la jarana al tiempo que veía, es un decir, al Barça, y terminé con mis amigos Pepe el Pollo y Manuel “el bético” guardando nuestros cuerpos en alcohol por lo que pueda ocurrir.

            Un día es un día, un día sin escribir, uf, pero un día fenomenal gracias a un amigo que se acordó de mí. Gracias le sean dadas.



2 comentarios:

  1. Don José, lo que no comenta es como terminó la corrida; si fue ”a por uvas” y la clavó en el hoyo de las agujas, o pincho en hueso y le dieron los tres avisos reglamentarios.

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  2. "Me dieron los tres avisos reglamentarios" por la edad, que conste..
    Abrazos.

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