viernes, 15 de noviembre de 2013

Por mi culpa


        Me arrepiento, no en demasía, que ayer agarré una cogorza de mucho cuidado; creo que no es malo reconocer la pecata minuta de uno mismo, pero un servidor es capaz de hacerlo, y no pasa nada, pues tal vez mañana, según como venga el día, pueda hacer algo exactamente igual.

            Sin darme cuenta y sin saber el porqué llevo unos días desvariando más de la cuenta, y claro ocurre que tan sólo en el alcohol busco el lógico acomodo ante tanto desvarío que ocurre a mi alrededor; así pues, a mi edad, que es demasiada, no me avergüenzo en decir que, de vez en cuando, en especial cuando la noche comienza su transitar por mi cuerpo, no importa si es de día, porque la noche para mí es un ocultamiento de la verdad y la mentira que me persiguen sin cesar, me acodo en la barra de un bar y brindo por lo que fue, o sea, por aquello que ya no es, a saber: la amistad que a nadie importa y por la poesía prostituida, aquella que nada dice a nadie; y ya, acodado pido uno, luego otro y al tercero, siempre güisqui, ya me da igual todo y mi amigo Antonio, el propietario de mi nueva parroquia, “El gran Vía”, con amor que llega a lo más hondo me va llenando uno tras otro nuevos vasos con miajas de sorbos que vienen, dicha sea la verdad, a ser una insignificancia.

            No es que sean los de la UGT de Andalucía con sus rebujitos que paga un servidor, también usted, los que me conducen a tal estado etílico; tampoco que el señor Lopera, el salvador del Betis -no lo olviden- se niegue a declarar ante la excelsa juez Alaya, a la que casi amo, presuntamente, en silencio; menos todavía que toneladas de basura se acumulen en la ciudad libertaria de Madrid  que comanda la esposa del esaborío del señor Aznar; no, no es nada de eso lo que me conduce hacia el vaso ancho y corto donde Antonio, con exquisita delicadeza, escancia unos besos de güisqui; no, no es nada de eso que, aunque siendo importante, lo que me empuja al alcohol, no, tampoco la chica de Granada que me decía con infinito cariño “Presi” y que, más tarde, para escalar la miseria, atravesó mis entrañas con el navajeo de la traición.

            Nada de eso es, tan sólo que no me acomodo a esta sociedad servil y cornuda que aguanta y permite todo. Es por ella, por esa sociedad, por la que brindo todas las tardenoches confiado en que puede cambiar, o al menos que ella no me cambie a mí.

            Ahora depende del “dire” de este medio de comunicación que se publique este “copo” que nada le dice, pero que a mí me golpea sin compasión.

4 comentarios:

  1. Con cuidado don José, que el alcohol es traicionero.

    Motivos hay, ya lo creo. No hay más que acercarse a cualquier medio para que nos abofeteen la dignidad con tanta podredumbre, tan pestilente o más que las calles de Madrid o el entendimiento de su alcaldesa.

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  2. Don José, el amor es silencioso, a lo mejor le aman a Vd. más gente de la que se imagina. Mire a esas madres, como quieren a sus hijos enlodados en droga y alcohol, como María quería a su Hijo, clavado con tres o cuatro clavo en sus extremidades. En silencio.

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  3. Gracias Aborojuan, lo tendré en cuenta; pero bien sabes que la literatura es, casi siempre, pura ficción.
    Abrazos.

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  4. Si lo sé, Don Antonio, pero es que tanto silencio ahoga,
    Abrazos.

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