martes, 19 de noviembre de 2013

Pasar página



No tod@s escribimos un libro, pero sí tod@s tenemos un libro: el de la propia vida de cada uno de nosotros, del cual somos autor y protagonista; de cómo lo escribamos -vivamos- depende nuestra felicidad.

            Llevo un mes releyendo mi última página, o sea, un mes perdiendo un tiempo precioso que he dejado de vivir, y ayer en un momento de lucidez suprema caí en la cuenta de mi inmenso error, de manera que he pasado página y, oh milagro, me he encontrado con un maravilloso día en que los fantasmas, reales o imaginarios, han desaparecido.

            No son demasiados los años o meses que me quedan por vivir -escribir- mi vida y, sin embargo, durante un mes he detenido todo un caudal de emociones y vivencias que ya no disfrutaré jamás; de manera que, a partir de ahora, no miraré hacia atrás sino que mi vista se detendrá en el maravilloso presente o el apasionante futuro; ruego, pues, me perdonen a los que durante los últimos treinta días haya podido ofender y, principalmente, me absuelvo a mí mismo.

            Lo que no haré es arrancar la página a la que he dedicado tanto tiempo, alguna pequeña ironía y demasiado rencor; y digo que no la arrancaré porque forma parte de mi vida, de mi mejor libro, del que está por escribir con la vivencia del día a día.

            Este error que hoy confieso, sin problemas de ninguna clase, está instalado en el corazón de numerosas personas; en ti, hombre o mujer, en que la persona que amabas y que un día, no sabes por qué, te dejó no merece que le dediques un tiempo que es tuyo y no de él o de ella, porque la vida no se detiene, sigue imparablemente su transcurso y no podemos permitirnos el lujo de perder un solo segundo de ella por aquello que fue y ya no es; aquella marcha definitiva del ser querido hacia lo desconocido merece de nuestro recuerdo, pero no de nuestro presente y futuro.

            Tengo amigos y amigas instalados en el 18 de julio de 1936, en las cunetas de la muerte, en los asesinatos a mansalva y en la posible venganza o justicia que los asesinos merecen; no los critico, pero es tanto la permanencia en la misma página de su vida que, objetivamente, habría que analizar si ha valido la pena.

            No arranquemos páginas de nuestra vida, de nuestro libro, pero pasemos aquellas que nos impidan vivir felizmente.


2 comentarios:

  1. Qué buen consejo, que con demasiada frecuencia olvidamos... gracias Maestro.

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  2. Pero es que este me lo aplico a mí mismo.
    Besos.

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