viernes, 22 de noviembre de 2013

Más largo que un día sin pan


           Se dice que un buen lector tiene asegurada una vida entretenida; es cierto, pero no tanto. Y también es voz de pueblo que un día sin pan no tiene fin. Sin embargo, lo mejor que he escuchado en mi vida se lo debo a un muy antiguo mío que si hay cielo allí está con toda seguridad, y que se llamaba Antonio Checa que aseguraba que todo jubilado que le gustara el juego del dominó el día se le pasaba en un abrir y cerrar de ojos.

            Bien, pues hoy me ha dado por escribir sobre las veinticuatro horas que tiene ese espacio de tiempo al que llamamos día. De usted para mí, y sin que se nadie se entere, le susurro al oído que un servidor se aburre de lo lindo al igual que los niños, y es que en el fondo, muy en el fondo de mi “almario” soy un niño como la copa de un pino.

            Y lo que son las cosas, cuando niño-niño nunca conocí el tedio porque sentado en un baúl, de aquella casita verde del Barrio Obrero de Melilla, me convertía en Caballo Loco y con mis manos, con invisibles colts del 45, mataba y mataba, una y otra vez, a todos los soldados del General Custer.

            Ahora, cuando ha pasado un montón de años de mis epopeyas infantiles, el maldito tedio se apodera de mí, bien porque no mato indios o soldados, bien porque me aburre oír hablar tanto de corrupción, bien porque algunos amigos -si es que fueron- toman derroteros de enemigos, bien porque hay pocas cosas que me asombran, bien porque casi todo está ya vivido y lo que queda por vivir lo veo ciertamente oscuro o bien, seguro que es por lo que voy a decir, porque mi madre me parió así.

            Del día me sobran seis o siete horas y por eso es por lo se me hace más largo que un día sin pan. A esta edad, a la mía me refiero, somos escoria aunque existan los viajes del INEM, la telebasura, la tdt y los recortes de todas clases.

            Y ello a pesar de que escribo una columna diaria, coordino una revista literaria, ando escribiendo un par de libros y paso un buen rato en Fb; pues bien: me sobran horas. Tan sólo me salva que allá en el horizonte vislumbro una luz maravillosa que me llama una y otra vez: es ella.

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