viernes, 8 de noviembre de 2013

Los presidentes


         Los Sacramentos, afirman los teólogos de la Iglesia, imprimen carácter, o seas, que si has sido sacerdote y, pongamos por caso, te casas, seguirás siéndolo ejerzas o no; y así con el resto. Algo parecido ocurre en la relación madre-hijo si el pequeño ha sido amamantado, dicen otros expertos que se incrusta una especie de “tatuaje de leche” en el pequeñete. También, en esos  términos, podríamos hablar del amor pues aunque parezca que ha desaparecido siempre queda un rescoldo que a poco que se avive puede volver a producir el fuego sagrado; hoy, por ejemplo, he leído en Fb una frase de una amiga en ese sentido, dice así: “ay, esa parte de ti que se empeña en quedarse conmigo”.

            Eso pasa con los que fueron presidentes del Gobierno del Reino de España; tanto es así que su tratamiento real sigue siendo el de Presidente sin el “ex” que nosotros le encasquetamos.

            Pues bien, en el mismo día, ayer mismo, Felipe González y José María Aznar han pasado a ser protagonistas de su paso por el Palacete de la Moncloa con la presentación de sendos libros que, quieran o no, son de memorias de su estancia como gobernantes, aunque el de Felipe adquiere una perspectiva de futuro.

            Tal vez, no me voy a inclinar a favor de ningunos de ellos, qué difícil es la objetividad en esto de escribir, tal vez, decía, los dos en general no lo hicieron mal, aunque ambos tuvieron sus luces y sombras quizá porque la perfección está por descubrir.

            Sin embargo la pareja no deja de aconsejar, por no decir criticar, a los actuales líderes del PSOE y PP; uno, Felipe, lo hace en una especie de criptograma que hay que saber interpretar y el otro, Aznar, a lo claro.

            Creo que ambos, se equivoquen o no, deberían dejar esas críticas a un lado y aportar, si que sus múltiples ocupaciones, especialmente en conferencia bien pagadas se lo permiten; y digo que deberían dar un pase de pecho a esas críticas porque su tiempo de gobierno, no es el de los actuales líderes, aunque según las encuestas ese posible liderazgo se encuentra muy mermado según sondeos o encuestas.

            El tiempo es cambiante como la vida misma y las personas no son seres clónicos o fotocopiados. No digo que estén calladitos ya que tienen todo el derecho del mundo a opinar y escribir, pero debían hacer realidad aquella máxima de Marco Aurelio: “El tiempo es un río de acontecimientos, una corriente impetuosa”

            

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