domingo, 24 de noviembre de 2013

La berza y Susana



          El sábado fui invitado por la Peña Puerta Blanca de Málaga a una berza malagueña que estaba de rechupete, y, tras digerirla, cante del bueno,  ya saben, por soleares y cosas del estilo.

            Todo ello por diez euros, una pura bagatela; tan mayúsculo fue el éxito que mi amigo Cristóbal, presidente de la citada peña, tuvo que salir al estrado para recibir el aplauso unánime de todos los presentes por la berza, la ensalada anterior, el postre, la barra libre, el pellizco del quejío y el rasgar de la guitarra del Califa de Córdoba.

            Esta un servidor tan conmocionado por la fiesta que no sentí la vibración del samsung, hasta que, en un ataque de fumador, salí a la terraza, miré el cacharro y comprobé que tenía una llamada perdida de un buen amigo cuyo nombre silencio; me llamaba el chavó desde el Congreso Extraordinario del PSOE-A, y me comentaba que me estaba perdiendo la resurrección del socialismo andaluz y que sentía muchísimo que hubiese hecho caso omiso a su invitación a asistir al mismo.

            En ese instante una duda abarcó mi persona, una duda como la de Hamlet con su maldito “ser o no ser”, a saber: ¿había hecho lo normal en cambiar la berza por Susana, oh Susana?

            Y ya nada fue igual, algo así como una nube envolvente me decía machaconamente refiriéndose a Susana: “esta es mi hija muy amada en la que tengo puestas todas mis complacencias desde que fue catequista del barrio de Triana”; eso, y yo mientras tanto peca que te peca con la pringá y todo su colesterol.

            A las 24 horas de esta tormentosa cuestión, destrozado por las secuelas de la berza y posteriores ingestiones, he leído el éxito absoluto de Susana, he contemplado su poderío, me he postrado ante la posible autora de hacer realidad aquella frase de Alfredo P.: “el PSOE ha vuelto”.

            Susana tiene en sus manos el poder absoluto no ya del socialismo andaluz, sino de toda España; ella, oh Susana, es el árbitro -no debo decir todavía la árbitra- de todo lo que pueda suceder en las próximas primarias, a ella deberán rendir culto de hiperdulía Chacón, Paxti, Page, etc.

            Y todo ello, lo que son las cosas, sin nombrar la palabra maldita: EREs.




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