lunes, 25 de noviembre de 2013

El verbo dimitir


           Vaya por delante que me aplico el cuento del verbo dimitir. A bote pronto, que un servidor recuerde, los dos únicos políticos serios que han dimitido en este país fueron Adolfo Suárez, nada más y nada menos que de Presidente del Gobierno de España, y el que fuese ministro de Interior del gobierno de Felipe González, el señor Antoni Asunción.

            Del último se sabe las causa: la fuga del que fuese Director General de la Guardia Civil, el pillo de Luis Roldán; del primero existen diversas teorías, pero ya todas permanecen en la niebla del alzehimer que padece el presidente más criticado en su tiempo y más alabado, cuando no se entera, en la actualidad; así son las cosas.

            Ahora que recuerdo también dimitió Demetrio Madrid, Presidente de Castilla-León, por un conflictivo asunto laboral en una empresa de su propiedad, aunque años después fue absuelto; este hecho le vino como anillo al dedo a José María Aznar que accedió a dicha Presidencia y de ahí dio el salto a gobernar el PP y España.

            Y creo que ahí queda la cosa, o sea: que por propia voluntad ni el secretario local del PP, PSOE, IU… del pueblo más pequeño de la Serranía de Ronda haya dado semejante paso al precipicio de la normalidad.

            Acabo de leer con cierta sorpresa que Cándido Méndez, el eterno secretario de UGT ha tenido un pronto de dignidad y ha pasado por su mente la posibilidad de dimitir del ingrato cargo que lleva ostentando desde tiempos inmemoriales, y todo ello por el presunto mal uso de los ya famosos cursos de formación de su organización sindical tanto en nuestro territorio o a nivel internacional por tierras del Caribe donde todo parece indicar que sus camaradas han pasado “de las barricadas a las mariscadas
en un santiamén, todo ello sin contar las gambas y rebujitos que por sevillanas han sido engullidas en la “ciudad, Sevilla, que se basta a sí misma”.

            Pero parece que ha sido un sueño propio de una buena siesta de otoño y que, al despertar del soponcio, se ha amarrado los machos y tira para adelante como buen sindicalista.

            Y es que existe poca, pero que muy poca experiencia española a la hora de conjugar el verbo dimitir.

www.josegarciaperez.es

No hay comentarios:

Publicar un comentario