viernes, 1 de noviembre de 2013

Difuntos


                Conmemora la Iglesia Católica el Día de Difuntos, una clásica forma de honrar a nuestros muertos con visitas a los cementerios, colocación en lass tumbas de flores, encendidos de lamparillas de aceite (antiguas mariposas), alguna oración y algo más que pueda escapárseme; es una tradición que puede entrar dentro del llamado conservadurismo, pero que tampoco, creo, hay que tirar por la borda del progresismo, pues son muchas las cosas a conservar por ahora.

            Después están los otros muertos, o sea, aquellos hombres y mujeres que han perdido toda esperanza de ser personas, las que existen aunque no vivan, las marionetas de los poderosos que las mueven a su antojo, las que han perdido la dignidad, los y las sumis@s al poder, etc., a estos y estas hay que azuzarles para que despierten a la vida de la honestidad, amistad y justicia.

            Después nos llega lo que se conoce como la resurrección de la carne que, dado a como se cotiza el metro cuadrado de terreno, habría que denominarla resurrección de las cenizas; pero vamos que puestos a elegir, entre los que fallecieron y los vivos que están muertos, apuesto más fuertemente por la resurrección de estos últimos.

            En realidad les confieso que no creo en la resurrección, pues todo, según mi punto de vista, se encuentra en este espacio de tiempo en el que vivimos que a veces es de por sí aburrido, a no ser que le pongamos una pizca de buen humor, un gin-tonic bebido y saboreado sin demasiada prisa, un buen libro para soñar y alguna aventura romántica, aparte, claro es, de ese apéndice insustituible que es la familia.

            Al no creer en la resurrección, tampoco puedo hacerlo en la inmortalidad; comprenderán ustedes que debe ser lo más aburrido del mundo estar por los siglos de los siglos con todo el mundo, o sea, con el mismo presidente de la Comunidad de Vecinos y con el actual Presidente del Gobierno, sin excluir al señor Rubalcaba y a Cayo Lara, pongamos por ejemplo.

            Por los siglos de los siglos no, por favor, día a día se aguanta todo, hasta a uno mismo, que ya es decir.

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