domingo, 27 de octubre de 2013

Víctimas


         Las víctimas de los asesinos terroristas y de los que sin ser terroristas son asesinos se han manifestado hoy en Madrid en contra del Tribunal de los Derechos Humanos de Europa, con sede en Estrasburgo, por la sentencia pronunciada por sus componentes contra la “doctrina Parot” que aprobaron el Tribunal Supremo de Justicia y el Tribunal Constitucional del Reino de España.

            Si tal sentencia se ajusta a derecho no me toca a mí dictaminar, pero sí afirmo que, a pesar de que el Estado español firmó en su día el acatamiento a dicho tribunal europeo, hemos perdido buena parte de nuestra soberanía, al tiempo que nuestros máximos tribunales han quedado en pelotas ante tal hecho.

            Que sí, no se preocupen los que entienden de leyes, que la acato (ya he quedado bien), pero no la aplaudo, la defiendo y la voto como el juez español Luis López Guerra; que no, que hasta ahí no llego en mi ceguera ante la justicia.

            Las víctimas españolas de los asesinos son gente educada y buena, pues a ninguna de ellas que yo sepa, y conozco de tú a tú a algunas, le dio en su día, en aquel día que descerebraron de un maldito tiro en la nuca a un familiar o saltaron por los aires las entrañas de sus hijos, por realizar una vendetta personal y rociar una balacera allí donde pudiera hacer daño.

            Vivieron su dolor, dolor que se reaviva cuando se perdona a los viles asesinos, con gran majestuosidad y con implacable celo para que nunca la sociedad olvidase a todos los inocentes que pagaron con el don más preciado que se tiene, la vida, el fanatismo de muchos.

            Sé que por diplomacia y por respeto al ordenamiento jurídico internacional, el Presidente del gobierno y sus ministros no debían de estar presentes en esta concentración de dolor e indignación que hoy, por ayer, se ha celebrado; también acato ese hecho, pero con una miaja de vergüenza.

            Ahora  bien, a excepción de algunos dirigentes del PP que, aunque abucheados y tildados de traidores, han asistido al acto, el resto de la clase política dirigente ha sido el gran ausente; mejor no calificarlos de amantes de la justicia, ell@s solit@s se han definido con un encogimiento de hombros.

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