martes, 15 de octubre de 2013

¿Soy feliz?



   Lo afirmé con seriedad. Interrumpiendo el monótono ritmo del comer. Le imprimí a la afirmación cierta dosis de serenidad: ¡soy feliz!.

   Pareció que todos los fantasmas que pululaban a nuestro alrededor hubiesen desaparecido.

   (Siempre surgen “fantasmas” cuando me analizo y descubro ante mi mundo -no más de diez personas- parte de mi ser oculto)

   (Después, en núcleos más restringidos, se sigue insistiendo sobre el análisis; entonces escapan todos mis deseos de autoafirmación, y me recubro con el silencio)


   ¿Soy feliz?

   Lo soy en la duda, o sea, en todo cuestionamiento que realizo de mi vida.

   Lo soy en mi mente, pues la felicidad tiene cabida en el mundo que me fabrico a golpe de ilusión y riesgo.

   Lo soy en el amor que interactúa en y sobre todos los poros de mi cuerpo.

   Soy felicidad en mi espiritualidad impenetrable conmigo mismo; cuando me siento horadado, brota el esplendor de la exploración.

(De “Meditando en pecado” de José García Pérez)

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