domingo, 13 de octubre de 2013

Los sindicalistas y la juez Alaya



         Hace un montón de años lanzar un bonito piropo a una mujer era un acto de delicadeza, hoy puede convertirse en machismo puro o acoso. De tal manera esto es así, que cuando a la vera de un servidor pasa una mujer como un templo uno se complace en verla de refilón, ni siquiera en mirarla; de toda esta nueva locura se salva la poesía que es como una gran enciclopedia que, en un elevado tanto por ciento, se dedica a endiosarla.

            No hace falto ser un experto para caer en la cuenta de lo misterioso que puede ser el rostro de una dama, sirva de ejemplo, entre muchos, el de la juez Alaya que, tal vez a causa de una enfermedad que padece, podría tildarse de impenetrable, frío, inmutable, misterioso, sereno y, al menos, bello; por ello extraña que los sindicalistas, creo de UGT, que enfurecidos por las detenciones de algunos de sus compañeros la emprendieran con ella al grito de ¡fea¡ y algo así como inquisidora.

            Resulta extraño que dichos representantes, creo que de los trabajadores, hayan, no insultado a la juez con el primero de los gritos, sino que han reconocido que es guapa y, para exteriorizar su cabreo, hayan ido en sentido contrario a la realidad para intentar insultar a la magistrada que anda poniendo, tal vez con cierta lentitud, las cosas en su lugar correspondiente. Si la juez es inteligente, trabajadora se sabe que es, se habrá sentido satisfecha de escuchar ese improperio sobre su “fealdad” que, venía a ser, si ustedes se paran un poco a pensarlo, el reconocimiento por ese grupo de sindicalistas machistas de su belleza.

            De todas formas no es elegante que estos caballeros sindicalistas acosen a una magistrada por su doble condición de juez y mujer, y en uso de su falta de delicadeza la llamen inquisidora y fea, uf.

            Ponía en duda en el tercero de los párrafos de este “copo” nuestro de cada día la inteligencia de la juez Alaya, pero ahora, tras el crema que acabo de ingerir, afirmo su inteligencia por no haber ordenado, potestad tenía para ello, a las Fuerzas de Seguridad que dispersaran a los sujetos del acoso.

            En fin, no sé ustedes, pero estoy deseando saber en qué termina este proceso que tiene en tensión a buena parte de un personal amante de extrañas cenas y no de guapas mujeres.


            

2 comentarios:

  1. Don José, mire Vd. por donde hoy le voy a llevar la contraria de “pe a pa, aunque no de “pe a pe”. A mí, como a Vd. me gusta la dama. Pero a mí la jueza, no. Recordará Vd. que al juez Garzón, a los que le gustaba eran tildados de una cosa y a los que no les gustaba, de lo contrario. A mí no me gusta ni la jueza ni el juez. Y que me tilden como quieran. No me gustan los jueces estrella, que en sus instrucciones siempre salen estrellados. No es que le hayan tirado de las orejas socialistas y de UGT, sino que por su lentitud en el sumario, le ha recriminado ya el CGPJ. Porque por imputar podría imputar a todos los empleados de “Mercasevilla” en el que también está implicado su marido. Y es que en la justicia, ya sabe Vd. lo que decía Pacheco.

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  2. Estimado homónimo, ha hablado usted con mucha sensatez: hay quien durante unos años convirtió ciertos procesos judiciales en una final de Copa del Rey, con hinchadas a favor y en contra. Y ahora cualquiera para ese modo tan fácil de razonar...
    Lo de los sindicalistas, impresentable, por supuesto. Pero como tantas otras cosas en las que se mira para otro lado (me viene a la mente la Cospedal declarando por hechos tb. gravísimos, con la hinchada de Nuevas Generaciones en la puerta de la AN: no vi portadas de diarios, columnistas rasgándose las vestiduras, etc.: las cenas de los sindicalistas sí, y los miles de millones en Suiza, y la financiación ilegal de un partido, y demás mentiras, ya veremos).
    ¿Será que son "nuestros" hijos de puta, utilizando términos somocistas? un abrazo

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