miércoles, 9 de octubre de 2013

Debe ser un placer



         Un servidor es joven de espíritu, pero viejo de verdad; lo último lo atestigua esa serie infinita que va asolando y minando la existencia, en especial: el suculento pastilleo al que someto mi cuerpo todos los días para ir tapando las goteras que no cesan de brotar, y saben, si el colesterol, el poquitín de azúcar, los pulmones calcinados de lo que ya saben, algo para la circulación, la píldora del estreñimiento y, a veces, su contraria por lo que pueda ocurrir en el momento más inoportuno.

            Si a ello añadimos que la cosa se va haciendo pesada por su monotonía: ver y ver pasar los días sin que el asombro asiente su tienda de campaña junto a mí, desayunar, comer y cenar para lo mismo hacer mañana y pasado y todos los días, contemplar desde la terraza el mismo gato negro noche tras noche, oír el cierre de “El Gran Vía”, buscar una película que te haga pasar un par de horas sin bostezar cuatro o cinco veces, acostarse, levantarse, ducharse e intentar hacer lo que tod@s hacemos, no saber ya que escribir para que alguien se asombre, vivir dentro de un enjambre de vecinos que nos reunimos solamente cuando alguien la casca, porque yo en mi vida he ido a una reunión de eso que llaman comunidad.

            Tener que preguntar: “que día es hoy”, porque todos son iguales para un jubilado, ver pasar el día, la tarde y la noche sin que nadie llame a la puerta y te pegue un sorpresón. Todo lo anterior y más hacen ya desear algunos días que doña Parca te abrace y eches con ella un coito de verdad en el que te juegues la vida y le pongas el “the end” adecuado y deseado. Y si como yo que no creo en la inmortalidad y en la resurrección de la carne, todo debe quedar reducido a la inmensa nada, a no ser pesado, a no mancharte la camisa, a dejar las pastillas, a desaparecer por los siglos de los siglos, debe ser un placer inmenso colocar un no al sufrimiento, al tedio, al tener que subir y bajar escaleras y a convertirte en algo que ya no estorba.

            Eso debe ser el cielo, pero lo malo es lo que decía al principio: que soy joven de espíritu y, por ello, me sigo rebelando ante la injusticia, pero no puedo hacer nada; ante la corrupción, pero sin posibilidad de terminar con ella; ante la indignidad, pero nadie me hace caso puñetero caso.

            Y entonces ocurre lo peor: que intentando ser no puedes hacer nada, y caes en la cuenta de que eres un jarrón de adorno para unos pocos.

            Por eso decía: “… debe ser un placer”.


2 comentarios:

  1. Don José, no le voy a dar ningún consejo, no. Lo que le voy a dar es un tratamiento. Pero un tratamiento para que lo cumpla Vd. rigurosamente. Ya ve, yo no prescribo, sino que administro tratamientos: Mañana: desayune y salga a pasear un mínimo de tres Kms. Mediodía: comida y no duerma la siesta, salga y entre en una cafetería de esa que entran mujeres solas, trate de ligar (hablar) con desconocidos, mejor del sexo contrario. Noche: cene ligero, no beba alcohol, vea cine de comedia, y cuando se vaya a la cama no lea a Pessoa y mucho menos, su “Libro del desasosiego”. Esto le dejará preparado para echar un buen polvo, que no coito, por la noche o al amanecer.
    P.D.: Aquí le mando un enlace de una charla de “corralón” de mujeres que rebosa optimismo y vitalidad.
    http://www.youtube.com/watch?v=g6ufm5X34mw
    Un abrazo

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  2. Agradezco con pulcritud sus consejos. Veremos si da el resultado apetecido. Prometo meterme en youtube. Siempre es bueno aprender.
    Abrazos, don Antonio

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