jueves, 10 de octubre de 2013

Creo



Creo, Señor, que no deben existir señores; ni siquiera, tú.

Creo que todos debemos ser algo más que  hermanos, pues los hermanos, muchos de ellos, nada más se ven por Navidad; por ello, haciendo honor a tu palabra, debemos llegar a ser amigos.

Creo que la Tierra se creó desde el amor infinito de su propia esencia; y creo que se está destruyendo, que estamos como perdidos en ella y por eso nos hace falta girar la vista a toda persona bien nacida.

Creo que Él no es tu único hijo, y creo en el misterio del Espíritu con mayúsculas.

Creo que el Espíritu no procede de Ti y del Hijo, pues creo que está instalado a la izquierda del corazón del hombre, y desde ese rincón bombea hálito a nuestra existencia.

Creo que el Espíritu es la VIDA, y cuando ésta falta nos hace como cosas, objetos que van de acá para allá, duermen y comen, cobran y gastan.

No creo en la Iglesia instituida por los hombres que dejaron de ser hombres y se escandalizan por los impulsos que el Espíritu envía al corazón de los hombres.

Creo en la comunidad que quiso crear Jesús de Nazaret, el Gran Judío, y después los hombres prostituyeron.

Creo que Jesús murió asesinado por los hombres religiosos y políticos de su tiempo.

Deseo creer que  resucitó y sigue resucitado en toda persona de buena voluntad que intenta hacer VIDA su propia vida.

Me encantaría creer en la resurrección de los muertos, pero apuesto más fuertemente por la resurrección de los vivos que están muertos, o sea, instalados en su propia seguridad.

Y creo que cuando las “personas dormidas” despierten a Jesús, habré un bello mundo de tolerancia, justicia y libertad.

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