miércoles, 11 de septiembre de 2013

Una cierta vergüenza ciudadana



           Día tras día suceden en España hechos que producen sonrojo en personas normales; en las menos normales, es mi caso, hilaridad; pero en todas, sean normales o no, una cierta vergüenza ciudadana.

            No sé si lo que voy a intentar relatar sería mejor callarlo que airearlo a los vientos de norte, sur, levante y poniente que azotan los mares de Internet; pero si los autores no tienen reparo en ejecutar sinrazones, no sé porqué yo tengo que tragarme sapos de todo calibre.

            Todo ha sido en cuestión de veinticuatro o cuarenta y ocho horas; podríamos empezar por el concejal de Mijas que vota en contra de una moción del ayuntamiento para que una calle, en vez de llamarse del “Descubrimiento” pase a convertirse en “Villa Romana”, por el genocidio que los españoles imperialistas cometimos con los indígenas del llamado Nuevo Mundo, a lo que el señor alcalde, con sorna andaluza, contestó: por favor, señor edil de Equo, “si los romanos fueron los grandes imperialistas de la historia universal”.

            Yo he visto hoy con estos ojos chuchurridos a pequeños niños catalanes manipulados con banderas independentistas y a los adultos formando una cadena humana, o sea, una barrera, una frontera más, achicando la humanidad a través del ombligo en que se miran complacientes unos pocos o muchos, que el número es lo de menos y lo más, la altura de miras.

            Me he enterado que dos secretarias del señor Bárcenas, me imagino que trabajadoras del PP, han enviado al baúl de los objetos peligrosos un par de agendas, posiblemente comprometedoras para el partido que está en el Gobierno, y aquí no pasa nada, como tampoco con los famosos discos duros de unos ordenadores destruidos por su posible contenido.

            Observo estupefacto que a Griñán, ex presidente de la Junta de Andalucía, “presi” nacional del PSOE y “secre” general del POE-A, está quedando como un héroe por dimitir de lo primero, al tiempo que le están haciendo hueco y cobijo en esa cosa llamada Senado por si las moscas lo imputa la juez Alaya.

            Y he visto las goteras del Congreso de los Diputados, y no me extrañaría que de aquí a nada sean escombros los que caigan sobre sus señorías si no volvemos, al menos, a la normalidad.


1 comentario:

  1. Don José, se me ocurre recordarle “la parábola del cristal roto”, que nos enseñó Bastiat. Si un gamberro, delincuente, corrupto, etc. Rompen un escaparate, pero con ello la economía se mueve porque gana el cristalero. Pero claro, eso tiene un coste económico y social de oportunidad para toda la ciudadanía. Entonces, por qué extrañarse de que un bruto sea concejal de un pueblo; de que no nos den las olimpiadas, cuando su inútil alcaldesa se gasta 60.000 euros del erario público en un mayordomo para que le sirva el café, cuando sin embargo, la Sra. Merkel no va ni a la peluquería; o cuando nuestros ciudadanos son desahuciados de sus viviendas, cuando existen más de dos millones de ellas vacías. Y cuando aquí quieren pedir la independencia hasta en el “patio de Monipodio”, cuando de remate a nuestro símbolo de la democracia se le cae el techo. Desde fuera entonces, quién puede respetar a nuestra triste patria.

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