viernes, 27 de septiembre de 2013

Quisiera





  Quisiera no tener jamás que preguntar, y vivir siempre en la ingenuidad de que no habiendo nada seguro, siempre estoy confiado.

  Quisiera querer como los demás quieren ser queridos.

  Quisiera lo imposible en felicidad: conseguir que todos sean felices.

  Quisiera lo que ellos dicen que quieren: a Dios, al mundo, al otro y a la otra, al mismo tiempo que amo a éste y ésta.

  Quisiera romperme en mil trozos para que cada persona que dice quererme recoja del cubo de basura de los “hombres rotos” el trozo que más le guste manosear y sentir como suyo.

  Quisiera que mi mente no ampliara la visión que otros tienen de la vida, y conformarme -conformar yo mi vida- con la poca cosa que las cosas son.

  Quisiera saber sonreír cuando no tengo ganas, y decir: ¡hola, que tal! con la boca abierta por una sonrisa, que los demás creen sincera, sin tener por ello que sufrir.

  Quisiera no haber nunca amado, y, así, no saber la diferencia entre amar y querer.

  Quisiera tantas cosas, que ya nada quiero. Sólo pasar y existir, hasta que lánguidamente, en un atardecer de este otoño que comienza me quede quieto, muy quieto.

(De “Meditando en pecado” de José García Pérez)

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