sábado, 7 de septiembre de 2013

Pues sí, es posible


Tenía ella quince abriles y un servidor uno más, cuando durante un atardecer melillense me declaré a Rosi, ella dijo que sí y se convirtió en mi novia formal; no quiere decir que no conociera a otras chavalas con las que pasé días y noches magníficos, pero ella fue mi novia formal. Tal vez por desviación del nacional catolicismo de la época, el sistema axiológico era diferente al de ahora, pero a mí en determinadas ocasiones no me vino nada mal. Y uno de esos valores era, por aquel entonces, el respeto a la virginidad de la novia llamada formal; con lo que una vez consumado el matrimonio, religioso por supuesto, se pasaba a la acción y no como ahora, donde todo está más visto que el tebeo, por lo que el asombro en cuestiones sexuales es difícil de conseguir.

            Dimos los pasos que la época demandaba, a saber: declaración, solicitud a los padres de ella para entrar en casa, pasear cogidos de la mano delante del personal que deambulaba por la Avenida, de la cintura camino de su casa, hacer la pedida de manos de ella, intercambio de regalos, el matrimonio, celebrar la boda y descubrir, durante el corto viaje de novios que la “cosa” funcionaba.

            Hoy celebramos nuestro LIII aniversario de casados con nuestros “días de vinos y de rosas”, o sea, de problemas y felicidades, de distanciamientos y acercamientos, de vías paralelas y de cruces entre ellas, de avances y retrocesos. Hemos vivido juntos la muerte de nuestros padres, el nacimiento de la “niña” Rosamary, el milagro de las nietas, sabemos del apoyo mutuo en enfermedades y operaciones y, lo más importante, hemos comprobado que nuestros cuerpos se han deformado, o sea, hemos llegado, sin caer en la cuenta, a envejecer juntos.

            Casi no es necesaria una conversación entre nosotros, pues con una sencilla mirada nos damos un discurso de fácil comprensión; sabemos que nos necesitamos y que en un mañana no muy lejano nuestras mutuas dependencias serán mayores porque mayores serán nuestros achaques; nos separa el espacio de la propia intimidad, respetamos la libertad del otro y hemos llegado a comprender y aceptar la soledad compartida, o sea, yo, por ejemplo, escribiendo y ella, en otro lugar del hogar, porque es un hogar, con sus tareas, pero sabemos que estamos en el lugar adecuado cuando haga falta apoyarnos el uno en el otro.

            No es tan difícil, tan sólo es necesario poner a trabajar a la tolerancia a toda pastilla.

7 comentarios:

  1. Felicitaciones a los dos, por ese Amor y por todos esos años juntos. Saludos muy cordiales.

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  2. Enhorabuena a ambos.

    Yo llegué mundo años después, pero tengo la suerte de poder decir que mi mujer y yo, en este nuestro camino de rosas y vinos -como bien dices- nos hemo hecho el uno al otro y así, poco a poco, año tras año, invirtiendo vuestros dígitos, este año hemos consumado nuestro 35 aniversario de vida en común. Feliz por ello Y hoy te lo cuento porque comparto vuestra protagonista felicidad.

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  3. Muy feliz día ypara los dos, que os lo merecéis, y buen viaje de vuelta a Málaga,
    Recibid un abrazo fuerte en día tan especial

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  4. José, ya pasé por eso, con ligras diferencias y grandes abismos, como el de tener diferentes hogares y largas, ¡larguisimas! ausencias...pero, como dices bien, todo puede superarse con grandes dosis de comprensión y muchas "gotitas" de paciencia.
    Un abrazo Jose, que te ruego hagas estensivo a Rosa.

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  5. Gracias, Carmen.
    A vosotros, Abrojuan y cómplice, felicidades por los 35 años juntos y los que os quedan.
    A ti Antonio, decirte que lo más importante es lo del abrazo especial, ya hablaremos.
    Y Enrique, oh Dios, tu paciencia es un don que pocos tienen.
    A todos, mi agradecimiento y el de Rosa.
    Besos y a abrazos a porrillo.
    Rosi y Pepe

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  6. Muchísimas felicidades, queridos tío Pepe y tía Rosi. Me acuerdo mucho de vosotros, sobre todo en verano, cuando estoy en Cádiz o en cualquier otra playa y recuerdo los veranos que pasábamos en La Antilla.
    Un beso a los dos por todos esos años que lleváis unidos.

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  7. Hombre, mi sobrino Salva!
    La verdad es que jamás llegué a comprender lo de la luna. Un verano cualquiera, si Dios quiere, me lo tienes que volver a explicar.
    Besos a ella, a ellos y a usted: don Salva.

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