viernes, 20 de septiembre de 2013

Puertas, goznes, candados y cerrojos




   Hay fronteras enormes y fronteras enormemente pequeñas.
  Las primeras, consensuadas por los hombres del poder, seccionan al mundo en porciones (naciones), facilitan la separación universal, ayudan a fomentar el racismo y consiguen la creación de diferentes sociedades.
  Las fronteras “enormemente pequeñas”, creadas por los hombres, persiguen el aislamiento, consolidad el derecho de propiedad e impiden el deber de acogimiento. Me ocupan las primeras; me preocupan las segundas. Siempre, siempre hay una puerta. Nadie entra. Nadie sale.

  A ideales y sentimientos se superponen siempre, constantemente, puertas.
 No existen lugares de encuentros en libertad. Intermitentemente es necesario abrir o cerrar una puerta, echar un candado, construir una valla. Todo es puerta y cárcel. Nada es libertad.

  Se cierran mis labios al no dar el grito que nace en mi ser; mis labios son puertas. El “religioso” pide que se abran las “puertas” del alma; en su estructura sectaria concibe un “espíritu” cerrado, incapaz de percibir la maravilla que dimana de la vida. Hay sacerdotes que hablan sobre las “puertas” del cielo. En su mente de custodia construyen un paraíso de cierres y argollas, en el que sólo tienen cabida los encarrilados a través de normas.

  El hombre es un gran creador de puertas, rejas, cerrojos, goznes y candados. De tarde en tarde se rompe alguna puerta, y un soplo de esperanza y libertad parece penetrar la niebla de quienes seguimos encerrados.
  Algún día seré arrasador de puertas.

(De “Meditando en pecado”, de José García Pérez)

2 comentarios:

  1. Presiento que las imágenes de cientos de hombres saltando la valla alambrada de pichos de su patria chica, le hace hoy escribir este pensamiento tan triste. Y es que, mientras haya personas que compren deuda de EE. UU. dándole a una tecla. Otros saltan una valla ensangrentados para buscar alimento en nuestros cubos de basura.

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  2. Pues ignoro si al escribir esa líneas pensaba en ellos, creo, a fuer de ser sincero, que pensaba en los candados que yo mismo construyo en mi persona; pero sí, esas líneas son válidas para todos aquellos que soportan una valla de la que saben que si la saltan se encuentran el en Paraíso, aunque después sea el Infierno. Saludos

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