lunes, 23 de septiembre de 2013

Nadie lo puede entender





  Nadie lo puede entender; este papel nadie lo puede entender.
  Es el parto de la intersección de ternura y pasión.
  Es el principio y final del tronar de cantos poéticos que, desde siempre, intentaron alzar la voz para cantar lo que es amor.
  Es la ilusión de la realidad de la ilusión.
  Es el ejercicio indesmayable de las arenas de las playas que en un instante, nada más que en un instante, se desliza entre cuerpos y almas de dos seres que son uno.
  Es el ilusorio vestigio de todas las civilizaciones que siempre quisieron concretar, sobre un lienzo o pentagrama, la deseada conjunción de la felicidad.
  Es el intento de que el tiempo no destruya el placer de sentir como hombre y mujer.
  Es el zizagueo de la serpiente que, tímida y lenta, pero segura, se desliza entre un bosque de sudor humano.
  Es querer asir, para que no vuele hacia el mísero espacio del olvido, lo que para mí es vida.

(De “Meditando en pecado” de José García Pérez)

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