martes, 17 de septiembre de 2013

¿Miedo?




   Me dicen que tengo miedo; ignoro qué quieren decir: ¿miedo de qué?, ¿miedo a quién? o ¿es que tengo miedo al miedo?.

   No temo al abismo que interrumpe esta forma de muerte que es la vida. Sí temo al precipicio que corta en su profundidad las ansias de alzar las alas que buscan.

   Tengo miedo a la nada, o sea, al cero cuantitativo que no expresa cantidad alguna; nada es algo más que negación.

   Tengo miedo a mis pensamientos, pero no temo a mis sensaciones: ellas me llevan a clamorosos recitales que engrandecen mi espíritu.

   Temo que tú no seas lo que me he forjado a golpe de ilusión: el ideal capaz de deslizar esta vida-muerte por el trineo misterioso de la felicidad.

   No tengo miedo al miedo, éste es el instrumento inventado por la sociedad para que hombres y mujeres vivan iguales en su mediocridad.

   Siento miedo de mí mismo. Me siento, en parte, feliz de tener miedo. Soy humano.

(De “Meditando en pecado” de José García Pérez)

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