jueves, 26 de septiembre de 2013

Los muertos os saludan



         ¿Qué me ha ocurrido hoy?, algo normal, mis “pastora”, o sea, Rosa Pastor, esposa y compañera, me dice a la entrada del mediodía si podíamos almorzar fuera de casa, “ni te preocupes, amor”, dicho y hecho; hemos ido a “La esquina del pintxo”, justo frente a casa, y hemos pedido unas tonterías de nada que no voy a describir por vergüenza. Siempre tomo café y un sorbo de JB, con hielo y una miaja de agua, después de ingerir cualquier alimento, cosa que hago para mantener el cuerpo en alcohol; justamente en ese instante la menda lerenda dice: “bueno te espero en casa”.

            Así que salí del aire acondicionado y me fui a la terraza donde una ligera brisa de levante, a la buena sombra, hacía apetecible un cortado de café y el ya citado JB; pedí a Alfredo el güisqui de marras y el periódico de la prensa decana malacitana y, a la primera de cambio sin necesidad de introducirme en el interior del mismo, me encuentro con la noticia de que la Junta de Andalucía de Susana, oh Susana, está preparando una ley para que mis queridos amigos socialistas y comunistas puedan fisgar en las cuentas corrientes de los fallecidos o muertos, ay de los muertos, un año antes de que desaparezcan de este valle de lágrimas, nunca mejor dicho y superando en mucho aquello del “Dios te salve María…”.

            Una putada necrológica -no se me ocurre mejor definición- para saber que es lo que ha hecho el muerto, antes de ir a la gloria o al infierno, con la pasta acumulada tras años de ahorros y recortes de cigalas, gambas y otras delicadezas.

            Todo ello según se barrunta, porque uno no es un gilipollas, para saber si el difunto, antes de diñarla como Dios manda o como la Junta desea, llámese eutanasia encubierta, ha sacado parte de sus ahorros para endiñárselos a sus legítimos herederos.

            Oh Susana, tú que has sido asunta al poder andaluz por mor del cobardón Griñán, no creo que optes a saber lo que hago con mis veinte mil euros ahorrados a fuerza de ser un desgraciadado; por Dios, Susana de mi vida, que tú sabes que te quiero a rabiar, no fisgonee en mis gastos anteriores a mi artículo mortis que, ya sabes, me los he podido gastar en putas, en pobres -viene a ser lo mismo-, en JB, en primitiva o en lo que me salga de los cataplines, o sea, en esos colgantes ya paupérrimos que cuelgan en el ocaso de su penduleo. Mira, oh Susana, que me empadrono en Madrid, y a ti, a Rafaelito y a don Diego, oh don Diego, os van a dar por el mismísimo.

            Al menos, digo yo, respetad a los muertos y su última voluntad, a saber, hacer con el sudor de su trabajo -ustedes nunca lo han sudado- lo que les apetezca.

2 comentarios:

  1. Don José sabrá Vd., y si no yo se lo cuento, que en Córdoba se cuentan muchos “dichos” del torero Rafael Guerra “Guerrita”, por eso del asunto que habla Vd. hoy; de señoras y de testamentos. Le cuento: Estando Guerrita en el lecho de muerte, llamaron al notario para hacer testamento. El Sr. Notario, pone a Guerrita en antecedentes. “Don Rafael, tiene Vd. que tener en cuenta la legítima de doña Angustia” (la señora). Contesta Guerrita: ¿Y en qué plaza ha toreado doña Angustia?”. Si así pensaba Guerrita con la legítima de su señora, qué podría pensar sobre la legítima de oh Susana.
    P.D.: Hoy me ha salido un comentario a su estilo, pero yo soy más dramático, por eso no me gusta hacer comentarios políticos.

    ResponderEliminar